"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


martes, 15 de julio de 2014

Los filósofos de la pseudociencia

"¿Qué distingue el conocimiento de la superstición, la ideología o la pseudociencia? La Iglesia Católica excomulgó a los copernicanos, el partido comunista persiguió a los mendelianos por entender que sus doctrinas eran pseudocientíficas. La demarcación entre ciencia y pseudociencia no es un mero problema de filosofía de salón; tiene una importancia social y política vital." Imre Lakatos.

"Primero, la superstición, la pseudociencia y la anticiencia no son basura que pueda ser reciclada con el fin de transformarla en algo útil: se trata de virus intelectuales que pueden atacar a cualquiera —lego o científico— hasta el extremo de hacer enfermar toda una cultura y volverla contra la investigación científica.
Segundo, el surgimiento y la difusión de la superstición, la pseudociencia y la anticiencia son fenómenos psicosociales importantes, dignos de ser investigados de forma científica y, tal vez, hasta de ser utilizados como indicadores del estado de salud de una cultura." Mario Bunge.



La pseudociencia es una parte de la cultura tan nociva como fascinante. Es justamente por los peligros a la integridad individual y social, así como lo que estas nos dicen sobre la naturaleza humana lo que motivó algunos científicos, historiadores y filósofos (contrarios a las corrientes dominantes de sus respectivas áreas) a estudiar, comprender y denunciar las prácticas pseudocientíficas.

Los primeros proyectos que se encuentran sobre la comprensión de las pseudociencias, en cuanto que se consideran ciertas disciplinas como pseudocientíficas, se encuentran en los debates epistemológicos desencadenados por los problemas tratados en el círculo de Viena. Los positivistas lógicos buscaban establecer cuáles eran las diferencias entre conocimiento científico y no científico (destacando a la metafísica como su ejemplo principal), iniciando así con el problema de demarcación de la ciencia, un problema filosófico que mantiene, hasta la actualidad, a muchas mentes ocupadas. Los miembros del círculo de Viena aseguraban que el conocimiento científico era aquel conocimiento de tipo inductivo, empíricamente verificable.
Karl Popper.
  Sin embargo, el principio de verificabilidad no parecía satisfacer como criterio, ya que un gran conjunto de teorías que se identificaban como conocimientos científicos no podían ser verificadas empíricamente, y por el contrario, algunas formas de conocimiento no científico sí lo eran. Resultaba ser que la idea de la ciencia inductiva resultaba inconsistente. Fue así que el filósofo Karl Popper comenzó a demostrar que la inducción no era en modo alguno el criterio de cientificidad. Lo que es más, el problema derivado de la inducción, el problema de demarcación es más general de lo que se pensaba. Para Popper era igualmente cierto que conocimiento científico y metafísica eran opuestos, pero también existía otra forma de conocimiento no científico que se hacía pasar por ciencia: las pseudociencias. Así empezó el problema de demarcación ciencia-pseudociencia.

Popper mostraba tres ejemplos típicos de prácticas pseudocientíficas: el materialismo histórico, el psicoanálisis freudiano y la astrología. Popper aseguraba que estas disciplinas tienen algo en común, a saber, que son infalsables, lo opuesto del criterio de cientificidad que Popper defendía. O sea, el principio de falsabilidad. Tal como nos narra en La lógica de la investigación científica, es el hecho de que una teoría pueda ser lógicamente refutable lo que le da su estatus científico. Si una disciplina es infalsable, es decir, que por más intentos que se trate de refutar sencillamente no se pueda ofrecer un solo contraejemplo, entonces es una disciplina no científica. El falsacionismo destrozaba la errónea idea, sostenida desde Hume hasta los positivistas lógicos, de que el conocimiento científico es de tipo inductivo, demostrando que el conocimiento científico es más que nada conocimiento derivado del razonamiento deductivo.

Bajo este criterio, Popper desarrolla el problema de demarcación comparando las tesis de Freud contenida en la obra Interpretación de los Sueños (posiblemente, la obra que marca el inicio del psicoanálisis) y la teoría de la relatividad de Einstein. La conclusión de Popper es que las tesis de Freud, en comparación con las de Einstein, son infalsables, ya que no hay forma de corroborarlas, además que en todo el texto, según afirma, Freud muestra una negativa a escuchar las críticas que se le llegaron hacer. Así, dice, el psicoanálisis es una disciplina anquilosada e inmune a cualquier crítica ya que esta solo puede acabar confirmando las especulaciones del psicoanalista. Pueden encontrarse mil y un razonamientos para "verificar" el psicoanálisis, pero, dice Popper, no hay un solo contra-ejemplo que pueda usarse para refutar a Freud.

Karl Popper representa el punto de partida para el estudio filosófico de las pseudociencias con el problema de la inducción y el problema de demarcación ciencia-pseudociencia como sus principales temas de discusión a lo largo de su prolífica obra. Sin embargo, el que sea un punto de partida no significa que debamos casarnos con sus tesis. El criterio de falsación, en realidad, resulta ser insuficiente. Mientras que algunas pseudociencias resultan ser falsables, también existen teorías e hipótesis científicas infalsables, pero no por esto es que esas pseudociencias puedan considerarse ciencias o que esas teorías científicas puedan catalogarse de pseudociencias. Por ejemplo, muchas de las afirmaciones del creacionismo científico son refutadas por la geología, la cosmología y la biología evolutiva. El que el creacionismo sea falsable no lo hace una ciencia (ni siquiera, una ciencia fallida); por otro lado, teorías científicas como la heliocéntrica de Copérnico eran infalsables en sus inicios. No sería sino hasta los trabajos posteriores de Kepler y Galileo que se tendría el reforzamiento matemático y las evidencias suficientes que darían la posibilidad de refutar empíricamente la teoría copernicana, y no por eso el heliocentrismo fue una pseudociencia en sus inicios.

El trabajo de Popper representa un ejemplo de progreso en filosofía. El debate sobre el tema  de la inducción y la demarcación llevaron a descartar un conjunto de doctrinas y teorías, quedándose con las partes válidas y útiles que tenían correspondencia real y acoplando nuevos planteamientos para debatir en un nuevo nivel. A este debate entrarían tres autores relevantes en la historia de la epistemología en general: Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Larry Laudan. Estos autores buscarían rebatir las ideas de Popper con resultados distintos.

Thomas Kuhn.
Kuhn, el epistemólogo que marca el inicio de la fase historicista en filosofía de la ciencia, asegura que no puede identificarse la cientificidad de una disciplina o una teoría con el principio de falsación ni con el de verificación. Kuhn asegura que el desarrollo de la actividad científica se divide (principalmente) en ciencia normal y revoluciones científicas. Durante la fase de ciencia normal los investigadores se dedican a la resolución de "enigmas" (o anomalías) a la luz de un paradigma ya establecido. Así que, si existe un criterio de demarcación, este se encuentra en el que una disciplina será científica si y solo si es una disciplina que capaz de resolver enigmas, característica esencial de la ciencia normal. Kuhn pone de ejemplo la astronomía y la astrología: según nos dice, la astronomía ha sido desde sus orígenes una actividad de resolución de enigmas. Por tanto, la astronomía es una ciencia; por otra parte, la astrología no presenta un programa de resolución de enigmas. Los fracasos particulares en astrología no dan lugar a programas de investigación para resolver dichas "anomalías" dentro de la disciplina. Por tanto, dice Kuhn, la astrología no es ciencia. 

Las críticas a esta propuesta no se hicieron esperar. Bajo este criterio, disciplinas como la parapsicología, la criptozoología, la ufología y la homeopatía bien podrían ser consideradas científicas, ya que se supone, buscan ofrecer explicaciones a fenómenos que se supone existen (pero que no han demostrado su existencia). Es decir, son disciplinas encaminadas a resolver enigmas. Popper, uno de los primeros críticos a la propuesta de Kuhn, también aclara que en astrología también se lleva acabo programas de "resolución de enigmas", y siguiendo el razonamiento kuhniano, estaríamos forzados a admitir la cientificidad de todas estas disciplinas. Popper llegó afirmar que la propuesta de Kuhn resulta ser "la mayor catástrofe" de una "sustitución de un criterio racional de la ciencia por uno sociológico." Hoy en día, sabemos que hablar de una investigación filosófica en base a estas ideas es practicar pseudoepistemología (tema que veremos en otra ocasión).

Por su parte, Imre Lakatos, quien fue discípulo tanto de Popper como de Kuhn, además de ser gran amigo del pseudofilósofo Paul Feyerabend (para quien no existe problema de demarcación, pues "todo vale" igual, sea biología o creacionismo, medicina o brujería, astronomía o astrología. Para este showman todas estas disciplinas tienen igual validez), busca extender la propuesta popperiana. Según Lakatos, el falsacionismo solo se aplica a hipótesis o teorías particulares aisladas, cuando en realidad debería ser aplicado a un conjunto de programas de investigación, los cuales se caracterizan por poseer una serie de teorías que son reemplazadas sucesivamente entre sí. Lakatos llama a esta ampliación "falsacionismo sofisticado (o metodológico)." Aunque la propuesta de Lakatos es expuesta de forma completa en su obra célebre La metodología de los programas de investigación científica, su tesis se hizo popular en su conferencia titulada "Ciencia y pseudociencia", expuesta a principios de 1973 a través de la transmisión de radio de Open University (el breve ensayo fue puesto a modo de introducción en la obra ya citada). 
Imre Lakatos.

Lakatos concluye que la cientificidad de un programa de investigación puede evidenciarse a la luz de las predicciones que cumpla. El progreso en dicho programa solo será posible si cada teoría que desarrolla tiene un contenido empírico más grande que las teorías predecesoras. Podemos decir entonces que una disciplina será científica si y solo si ésta progresa como programa de investigación. Si la disciplina no genera nuevo conocimiento y no progresa, entonces estamos hablando de una disciplina no científica. Si hablamos de una disciplina que no genera nuevo conocimiento, que no progresa y que además se hace ver como si en verdad cumpliera este requisito, hablamos de una pseudociencia.

La propuesta de los programas de investigación mostró tener gran influencia en los trabajos posteriores de autores como Paul Thagard, Daniel Rothbart y George Reisch. Los trabajos de Lakatos y los demás que siguieron la misma línea, ayudaron a formular y aclarar un punto clave en los conceptos de ciencia y pseudociencia: la ciencia es una actividad que progresa, que continúa en proceso y las disciplinas que se identifican como ciencias se complementan mutuamente con conocimientos ya obtenidos. En cambio, las pseudociencias son disciplinas estancadas que no producen nuevos conocimientos, métodos o proyectos de investigación, además que son actividades aisladas que no se sirven del conocimiento de ninguna disciplina real. La propuesta de Lakatos de su criterio de demarcación de los programas de investigación se trató de aplicar, llegando asegurar que disciplinas como el monetarismo de Milton Friedman (contenido en la teoría económica neoclásica) resultan ser pseudociencias (opinión que suele sostenerse hasta nuestros días). Pero Lakatos, al igual que su maestro Popper, llegó a meter la pata asegurando (a manera de reto) que nadie había sido capaz de encontrar un criterio de demarcación según el cual la teoría darwiniana de selección natural pudiera ser identificada como una teoría científica.

Hasta aquí, el debate sobre el problema de demarcación había consistido en establecer el criterio específico que separa la ciencia de la pseudociencia. Pero esto cambió cuando en 1983 Larry Laudan escribió un ensayo aparentemente fulminante: "The Demise of the Demarcation Problem" (La Desaparición del Problema de Demarcación). En su ensayo, Laudan declara muerto al problema de demarcación, asegura que el concepto "pseudociencia" es un concepto pernicioso e inútil, y que los filósofos dedicados a este tema no han hecho más que perder el tiempo en un proyecto fracasado. Laudan sostiene estos puntos con el argumento de que, a pesar que el problema de demarcación lleva casi un siglo de existencia, los filósofos han sido incapaces de encontrar de forma precisa los criterios correctos para diferenciar la ciencia de la pseudociencia. Además, dice, el término pseudociencia no es ni siquiera un término científico o filosófico que solo se encuentra con una gran carga emotiva (claramente siempre usado de forma peyorativa para denigrar alguna práctica). De acuerdo a Laudan, el verdadero problema está en evaluar la justificación epistémica detrás de cada reclamación individual al conocimiento, sin importar si esta se hace desde dentro de la física o desde la astrología.

Larry Laudan.
Como no es difícil adivinar, Laudan ha sido rebatido en repetidas ocasiones por diversos autores como Martin Mahner, James Ladyman, Sven Oven Hansson, Maarten Boudry y Massimo Pigliucci. En su sistemática respuesta, titulada "The Demarcation Problem. A (Belated) Response to Laudan" (El problema de demarcación. Una (tardía) respuesta a Laudan), Massimo Pigliucci expone los errores de Laudan. Pigliucci nos dice que las justificaciones epistémicas que van acompañadas de revisiones específicas individuales y no de esfuerzos generales, resulta ser bastante impráctico y muy restrictivo. Es decir, cuando una disciplina ha demostrado a lo largo de mucho tiempo el carecer de sentido y ser inútil, demostrando la incapacidad de progresar en dicha área, parece que el tiempo mismo justifica el por qué archivar esta disciplina para dejarla de lado, sin concentrarse en nuevos intentos de investigación dentro de ésta (Pigliucci utiliza a la astrología como un ejemplo de este tipo de disciplinas). En cambio, dentro de una disciplina científica que ha demostrado ser exitosa y dinámica, el consejo de analizar cada reclamación tiene sentido, precisamente porque la ciencia ha establecido métodos y un fondo de conocimientos contra el cual la justificación epistémica de cualquier nuevo alegato puede evaluarse razonablemente. Así, etiquetar algo de pseudociencia ayuda a identificar las disciplinas en las que es inútil llevar acabo este tipo de ejercicios y que además evita invertir tiempo y/o dinero en algo que no tiene posibilidad de validez o éxito.

Massimo Pigliucci.
Sobre el supuesto fracaso filosófico del problema de demarcación, Pigliucci explica que la historia demuestra que se tiene un progreso y no un fracaso en este caso. Si bien Popper estuvo equivocado al creer que había resuelto los problemas de inducción y demarcación, lo cierto es que la propuesta popperiana que reemplazaba el razonamiento inductivo por el deductivo resultó ser una "buena jugada" que tuvo que ser analizada y debatida antes de considerar propuestas más sofisticadas. La búsqueda conjunta de criterios necesarios y suficientes para definir la ciencia y la pseudociencia buscando entender estas actividades humanas representa un avance, no un retroceso. Pigliucci aclara que el problema de demarcación tiene gran relevancia ya que distinguir ciencia y pseudociencia trae consigo consecuencias de tipo intelectual, personal y monetaria. Distinguir entre ciencia y pseudociencia marca la diferencia entre crear políticas públicas que regulen las emisiones de efecto invernadero y las que hacen caso omiso a las alertas de cambio climático; se marca la diferencia entre establecer conductas que benefician a la sociedad entera como el vacunarse y los actos que van en contra del conocimiento bien sustentado, asegurando que las vacunas causan autismo; marca la diferencia entre aceptar un diagnóstico y tratamiento basado en la evidencia, y la utilización de píldoras que solo tienen agua y azúcar. 

Con todo esto, se vuelve evidente que el único fracaso filosófico que se ve en este tema, es el de la afirmación de que el problema de demarcación ha fracasado. En las últimas dos décadas el creciente interés tanto por filósofos y científicos, así como también por parte de divulgadores y activistas, en el problema de demarcación, es notable. En este tiempo en que se debatieron las propuestas que se presentaron de Popper hasta Laudan, es posible notar una característica común en todos los autores: todos manejaban una actitud monocriterial, es decir, solo consideran un único criterio de demarcación como razón necesaria y suficiente. Esto cambiaría luego de que el sociólogo Robert K. Merton (padre de la sociología de la ciencia moderna) afirmara que la ciencia se compone de un ethos o espíritu de investigación, que se puede resumir en cuatro conjuntos de imperativos institucionales o normas epistémicas. O sea, cuatro criterios distintos:
Robert K. Merton.

1. El universalismo, que afirma que cualesquiera que sean sus orígenes, las pretensiones de verdad deben ser sometidos a criterios impersonales preestablecidos. Esto implica que el rechazo o aceptación de una reclamación no depende de las condiciones personales o sociales de sus protagonistas.

2. El comunismo epistemológico dice que los resultados sustantivos de la ciencia son producto de la colaboración social y por tanto, pertenecen a la comunidad, en lugar de pertenecer a personas o grupos particulares. Este punto es incompatible con las patentes que reservan los derechos exclusivos a inventores o empresas.

3. El desinterés impone un patrón de control institucional que tiene la intención de frenar los efectos de los motivos personales o ideológicos que los científicos puedan tener.

4. El escepticismo organizado implica que la ciencia permite un escrutinio independiente de las creencias que están profundamente en poder de otras instituciones.

Aunque es posible encontrar enfoques bicriteriales (como el de Thagard) junto a algunos que combinan las tesis de Popper, Lakatos y otros autores, lo cierto es que hoy en día se da por hecho que para un enfoque sistemático preciso, es necesaria una propuesta multicriterial, con lo que se deja atrás el problema que Popper y sus contemporáneos se encontraron: la deficiencia en su enfoque debido a que abarcaban muy poco en lo que se refiere a ciencia y pseudociencia. Este es justamente el camino que estudiosos como Michael Ruse, John Dupré, Martin Mahner, Massimo Pigliucci, Maarten Boudry, A. A. Derksen, Steven Dutch, Sven Oven Hansson, Joseph Agassi y Mario Bunge (entre otros) han seguido. 

Usualmente, tanto desde la filosofía de la ciencia como desde la divulgación científica, se está acostumbrado a escuchar definiciones más o menos complejas del concepto mismo de ciencia con varios criterios que identifican una disciplina científica, como el que toda ciencia posee un fondo de conocimientos (que incluye hipótesis, teorías y leyes), que tienen una metodología bien definida, que se centran en un objeto de estudio particular (sea el cosmos, el medio ambiente, la anatomía de una especie, la conducta individual o social, etc), que son disciplinas que se complementan en conocimientos y metodologías, que se tienen controversias que por lo regular fascinan a propios y extraños por igual... Hablamos de disciplinas científicas que poseen una serie de características que las vuelven la inspiración para muchos. Pero, ¿qué pasa cuando se habla de pseudociencia?

Cuando en divulgación científica o en alguna nota de pie en un ensayo epistemológico se habla de pseudociencia, se suele decir que por esta se entiende a la disciplina que se hace pasar por ciencia (es decir, que posee todas las características de una ciencia) cuando en realidad no lo es, y punto. Hacer esto, es ignorar por completo las décadas invertidas en el estudio, análisis y debates interminables sobre qué son las pseudociencias. Si bien es cierto que al tener ya una definición establecida de ciencia básicamente podemos definir a la pseudociencia como una disciplina que no cumple con los criterios de la ciencia y que sin embargo, se hace pasar como tal, lo cierto es que esta vendría a ser una definición negativa, tan insatisfactoria como la de “un soltero es un no casado.” Las propiedades de un objeto son las que posee efectivamente. El que un objeto x no tenga una propiedad P puede ser cierto y puede ayudar a identificarlo, pero no ayuda a describirlo, ni mucho menos a definirlo y estudiarlo.

La definición de pseudociencia, igual que la de ciencia, sigue siendo un tema vivo, bastante rico en controversia. Pero este problema no es exclusivo de esta área. Existen un montón de conceptos "difusos" para admitir agudas y claras definiciones. Este punto expuesto por Massimo Pigliucci en su artículo "Pseudoscience" en la Encyclopedia of Philosophy and Social Sciences, no es nuevo. De hecho, es explicado por un autor que no muy a menudo es citado a la hora de hablar de pseudociencias: Ludwig Wittgenstein. Para Wittegenstein existen un conjunto de conceptos que pueden identificarse como "semejanzas de familias", los cuales en un primer principio parecen tener una definición obvia, pero resultan ser bastante problemáticos (en filosofía de la ciencia, el estudio de estos conceptos difusos son el pan de cada día: conceptos como los de especie biológica, tiempo, espacio, materia, mente... son excelentes ejemplos). 

El ejemplo que Wittgenstein solía dar era el de "juego." Probablemente usted piensa que sabe sin lugar a dudas qué es un juego (como el ajedrez, el fútbol o Resident Evil 6) y qué no lo es (fumar, tener sexo o filosofar), así como seguramente estará consciente de ejemplos que podríamos llamar como "casos límite." Pero resulta fácil demostrar lo difícil que es establecer qué es un juego estableciendo un número de criterios (entre menos sean, la dificultad aumenta con probabilidad). Si usted define juego como un "hecho competitivo entre dos o más personas", bien se podría topar con ejemplos de juegos que no cumplen con su criterio y aún así se definen como juegos (en este caso, el solitario sería el contraejemplo a la definición adoptada), al mismo tiempo que existen actividades que cumplen con la definición sin ser juegos (como las transacciones comerciales). Con esto en mente, debería ser fácil el ver por qué el proceso para definir la ciencia y la pseudociencia ha llegado a ser tan problemático, y sin embargo, ambos conceptos todavía se refieren a dos tipos distintos de actividades humanas. 

Mario Bunge.
El que ciencia y pseudociencia sean conceptos de "tipo de familias" es la razón por la que las propuestas de Popper, Kuhn, Lakatos y cualquier otro con un enfoque monocriterial fracasara en su intento de definir de forma precisa estos conceptos. Así es como podemos afirmar con seguridad que, si queremos establecer de la manera más precisa posible qué es la pseudociencia, debemos adoptar un enfoque multicriterial, y claro, no dejar de debatir sobre el tema. Uno de los enfoques multicriteriales más precisos, que además ha inspirado a otros (como los presentados por Agassi y Mahner) es el expuesto por el epistemólogo Mario Bunge, quien procede a definir la disciplina pseudocientífica SC como un campo de estudio compuesto de la siguiente forma:


SC = <C, S, D, G, F, E, P, A, O, M>

Tal que:

1. C es la comunidad de creyentes, no de investigadores.

2. S es la sociedad anfitriona que apoya a C por motivos prácticos (SC es un buen negocio o refuerza la ideología imperante) o tolera a C, aunque la exilia de la cultura oficial.

3. El dominio o universo del discurso D contiene entes imaginarios, o por lo menos, entidades cuya existencia no se puede justificar, tales como un diseñador inteligente, la influencia de los astros, los pensamientos incorpóreos, los superyoes, platillos voladores, memoria del agua y cosas parecidas, a los que C les asigna existencia real.

4. La concepción general o filosofía G incluye:

    a) Una ontología que admite la existencia real de entes o procesos inmateriales, tales como fantasmas, percepción extrasensorial, etc, o

   b) Una gnoseología que admite argumentos de autoridad, o modos paranormales de conocimiento accesibles solo a los iniciados, o los entrenados para interpretar ciertos textos canónicos, o

   c) Un ethos que lejos de ser el de la libre búsqueda de la verdad, de la profundidad y la sistematicidad, es el de la defensa obstinada del dogma (ejemplos de este tipo abundan, aunque en tiempos recientes se presentó un escándalo luego de que psicoanalistas lacanianos censuraran una película sobre el autismo y cómo esta pseudociencia sale malparada al respecto), si es necesario con ayuda del engaño o de la violencia.

5. El fondo formal F es increíblemente modesto. SC no siempre respeta la lógica, y los modelos matemáticos son la excepción y, cuando han sido propuestos, han sido incomprobables o falsos.

6. El fondo específico E es muy pequeño cuando no vacío. Una pseudociencia aprende poco o nada de otros campos de conocimiento, y contribuye poco o nada a ellos.

7. La problemática P incluye problemas mal planteados (por tener supuestos falsos) y típicamente (aunque no siempre) prácticos más que cognoscitivos.

8. El fondo de conocimientos acumulado A es pequeño, está estancado y contiene numerosas hipótesis incontrastables o incompatibles con hipótesis científicas bien confirmadas (leyes); en particular no contiene leyes propiamente dicho.

9. Los objetivos O de los miembros de C son, con frecuencia, prácticos en vez de cognitivos, en concordancia con su problemática P. Además, no incluyen objetivos científicos, a saber, el descubrimiento de leyes o su utilización para comprender o predecir hechos.

10. La metódica M contiene procedimientos que no son controlables por medio de procedimientos alternativos (especialmente, de procedimientos científicos) ni se los puede justificar mediante hipótesis adecuadamente confirmadas. En particular, los pseudocientíficos no aceptan bien la crítica.

11.  La composición de las ocho últimas componentes de la SC apenas cambian en el curso del tiempo y, cuando cambia, lo hace en forma limitada y de resultas de controversias o de presiones externas, no de investigaciones científicas.

12. SC no tiene parientes próximos, salvo quizá otra pseudociencia, con los que puede interactuar fructíferamente; o sea, SC está prácticamente aislada: no existe un sistema de pseudociencias paralelo a las ciencias.

Problematizar sobre la demarcación ciencia-pseudociencia, establecer los criterios que caracterizan la ciencia y la pseudociencia, sistematizar la definición de pseudociencia, analizar y debatir las propuestas dadas tanto por los autores "clásicos" como por los más actuales, establecer la importancia de afrontar la demarcación no solo como un problema de "filosofía de salón" sino como un problema que tiene repercusiones reales en el aquí y el ahora, son algunas de las actividades más apasionantes dentro de la epistemología (que es lo mismo que filosofía de la ciencia). Pero aquellos que dedican su carrera al estudio de estos problemas, además de ser reconocidos como estudiosos de la filosofía de la ciencia, podemos llamarlos, con justa razón: los filósofos de la pseudociencia.

Tal vez en el futuro (esperemos no muy lejano) se miren cursos, talleres y materias optativas en las carreras de filosofía y las de ciencia dedicadas a analizar las preguntas que se plantean al pensar el problema de demarcación. Puede ser que en el futuro exista algún espacio para su estudio como disciplina filosófica independiente, pero eso, el tiempo lo dirá.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*El artículo "Science and Pseudo-Science", escrito por Sven Oven Hansson en la Stanford Encyclopedia of Philosophy resulta ser una referencia introductoria obligatoria al estudio filosófico de la pseudociencia.

*El artículo "What's the point of demarcation projects?", de Massimo Pigliucci, ofrece una breve pero excelente explicación de por qué es importante el problema de demarcación no solo para los filósofos, sino para todos nosotros.

*El artículo "Demarcating science from pseudoscience", de Massimo Pigliucci, responde a la pregunta "¿cuáles son las diferentes formas de tratar el problema de demarcación entre ciencia y pseudociencia?", en Ask a Philosopher.

*La entrada en la Wikipedia en inglés "Demarcation problem" ofrece contenido y referencias de gran calidad sobre la historia de los debates en torno al tema.

*La entrada "Pseudoscience" en The Skeptic's Dictionary, por Robert Todd Carroll.

* "The parameter of pseudoscience", revisión del libro The Pseudo-Science Wars de Michael D. Gordin, por David Morrison en el CSI.

*El artículo "La filosofía tras la pseudociencia", de Mario Bunge, publicado originalmente en Skeptical Inquirer y traducido al español por la revista El Escéptico.

*La Lógica de la Investigación Científica, de Karl Popper, Tecnos, 1980.

*La Metodología de los Programas de Investigación Científicas, de Imre Lakatos, Alianza, 1989.

*La Investigación Científica, de Mario Bunge, Ariel, 1979.

*Seudociencia e Ideología, de Mario Bunge, Alianza, 1985.

*Las Pseudociencias ¡Vaya Timo!, de Mario Bunge, Laetoli, 2010.

*Philosophy of Pseudoscience, editado por  Massimo Pigliucci y Maarten Boudry, University of Chicago Press, 2013. El libro presenta una colección de ensayos en que se aborda la sociología, la psicología, la historia y la filosofía de la pseudociencia.

martes, 24 de junio de 2014

¡Charlacanistas, charlacanistas everywhere!

El siguiente es un fragmento de un ensayo que presenté en la clase de Filosofía de la Psicología, en la que vimos muchas cosas, excepto filosofía de la psicología. El profesor (la verdad, no creo que merezca llamarlo maestro), en vez de mostrar un dominio sobre los problemas filosóficos de la psicología, se ocupó de lavar el cerebro a más de uno con las incoherencias del psicoanálisis lacaniano, al cual se ha dedicado por completo (sí, tuve un charlacanista por profesor). Considerando que el mostrar las ideas de Lacan como las revelaciones más sorprendentes (también las combinaba con ideas de Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger y Zizek), pensé que sería justo presentar un escrito donde se mostraran las razones de por qué el psicoanálisis se considera una pseudociencia y el cómo el charlacanismo parece más un culto esotérico que una disciplina humanística o psicológica. Sin más, les dejo las tonterías del charlacanismo expuestas en mi ensayo (corregido y aumentado, con imágenes cortesía de la página crítico-humorística Sigmund Fraude y Charlacán); espero lo disfruten.

Jacques Lacan es posiblemente uno de los autores posmodernos más famosos desde la década de los años 80. Lacan era una figura poco conocida en Francia antes de los años 70s, y prácticamente irrelevante en la panorámica mundial. Sin embargo, a finales de los 70s y principios de los 80s, los Escritos de Lacan comenzaron a llamar la atención entre las facultades de humanidades francesas; para cuando murió en 1981, Lacan se había convertido en sinónimo de psicoanálisis para muchos estudiosos tanto de Europa como de América. A diferencia de los discípulos originales y de seguidores más directos de Freud tales como Jung, Reich, Erikson, Adler y Rank, quienes acabaron creando sus propias escuelas de pensamiento independientes, una de las principales tesis de Lacan era el “retorno a las obras de Freud.”

La obra lacaniana también destacó por tratar de introducir la topología (rama de las matemáticas que estudia las propiedades de los cuerpos geométricos) y el uso de elementos del estructuralismo y la lingüística de Saussure. Aunque el objetivo era “regresar a los orígenes”, la propuesta lacaniana se fue por una dirección totalmente diferente de la del psicoanálisis freudiano. Algo que no es mal visto por los lacanianos, ya que suponen que Lacan fue el gran revolucionario que necesitaba el psicoanálisis. Casi un Newton del psicoanálisis. El filósofo Louis Althusser, por ejemplo, aseguraba que “Lacan dota, finalmente, al pensamiento de Freud de los conceptos científicos que exige.” (que conste, Lacan incluso renegó de la ciencia, afirmando que el psicoanálisis no era ciencia, no pretendía serlo, y era justamente esa la razón de su superioridad intelectual).

Lacan buscaba matematizar el psicoanálisis con el fin de hacer de este toda una revolución intelectual. Sin embargo, no solo buscaba matematizar las ideas de Freud, sino las suyas también. Es aquí donde se buscaría servir de la topología y la lógica-matemática. Pero existe un problema con esto. Y es que se ha demostrado en variadas ocasiones que las matemáticas expuestas por Lacan, son utilizadas de forma errónea, al punto en que los conceptos matemáticos tales como “topología”, “espacio”, “acotado”, “cerrado”, “número racional”, “número irracional” (etc) sencillamente no se comprende en qué sentido los usa, por lo que se le denuncia de abusar de conceptos que desconoce. Otro punto en contra es que nunca fue capaz de dar un argumento formal en el que pudiera demostrar la relación entre sus ecuaciones (los "cálculos" de Lacan han sido juzgados por matemáticos verdaderos de ser pura fantasía) y algún fenómeno o principio del psicoanálisis.

Como ejemplo de lo ya dicho, el físico Alan Sokal, en su célebre obra (con la coautoría de Jean Bricmont) Imposturas Intelectuales, cita un fragmento de uno de los seminarios de Lacan para mostrar cómo éste último se burla de su lector con cálculos fantasiosos:

“Por nuestra parte empezaremos por lo que se articula en la sigla S (0), que es ante todo un significante… y puesto que la batería de significantes en cuanto tal , es por eso mismo completa, este significante no puede ser más que un trazo que se traza desde el círculo sin que se pueda contar como parte de él. Puede simbolizarse mediante la inherencia de un (-1) en el conjunto total de los significantes.
Como tal, es impronunciable, pero no así su operación, ya que ésta es la que se produce cada vez que es pronunciado un nombre propio. Su enunciado es igual a su significado.Así, calculando ese significado según el método algebraico que utilizamos, tendremos:
Siendo S = (-1), da como resultado: s = V-1.”
Para Sokal esto es, básicamente, una mentada de madre (que conste que él lo dice más elegante) y por tanto, un insulto a la inteligencia del lector. Sokal nos explica que, incluso si el “álgebra” de Lacan tuviera algún sentido, resulta evidente que el “significante”, el “significado” y el “enunciado” que aparecen en la fórmula no son ni siquiera números y la barra horizontal (un símbolo elegido arbitrariamente) no indica la división de dos números. Por consiguiente, afirma Sokal, los cálculos de Lacan son pura fantasía.

Como vemos, las matemáticas manejadas por Lacan no dotan a la teoría de Freud de los “conceptos científicos que exige.” Pero siendo benevolentes, bien podríamos decir que las matemáticas lacanianas no representan la parte fuerte de esta corriente (una postura que sería falsa, pero que manejaré para explicar otros puntos distintos de la propuesta lacaniana). Lacan manejó una afirmación que no aparece en el pensamiento de Freud, pero que sin embargo, es poco probable que exista algún lacaniano que se atreva a decir que sea prescindible para su trabajo: la “teoría” del estadio del espejo.

Historia sin censura de cómo Lacan expuso sus "geniales" ideas.


Inspirado en las tesis del filósofo y psiquiatra Henri Wallon (protagonismo que Lacan no siempre le atribuyó), en 1936 Lacan presentó su conferencia titulada “El estadio del espejo” en el decimocuarto congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional, en la que defendía la unificación de esta idea con el psicoanálisis. Aunque su ponencia ni siquiera fue mencionada como curiosidad en el informe del congreso, Lacan persistió y en 1946 dictó una conferencia más en la que mostraría la misma idea pero corregida y aumentada. En 1949 haría lo mismo. Algo a destacar en estas dos últimas presentaciones es que Lacan, aunque evidentemente sigue la teoría de Wallon, no hace referencia alguna a este autor, y parece dar la impresión que Lacan busca convencer que la teoría es plenamente de su autoría.

El estadio del espejo es considerado por muchos como la “piedra angular” de la escuela lacaniana; esta “teoría” postula que alrededor de los seis meses el niño es capaz de reconocerse a sí mismo en el reflejo de un espejo. Este acto de auto reconocimiento es en el que se desarrolla el yo como instancia psíquica. El reconocerse en el espejo, según se nos dice, conduce al niño a participar en una serie de gestos y regocijo de placer, el cual es consecuencia de experimentar su reflejo. Vendría a ser pues, la primera vez que el niño experimenta placer con su cuerpo sin la intervención de la madre.

Estas afirmaciones, podría pensarse, están bien justificadas y encajan en la teoría psicoanalítica en general. Pero lo cierto es que Lacan, como buen piscoanalista, nunca se molestó en hacer experimentos para demostrar sus afirmaciones.

Algunos historiadores de la ciencia (y de la pseudociencia), tales como Richard Webster, han rastreado los orígenes de la “teoría” del estadio del espejo más atrás de Lacan y de Wallon, en la teoría de la recapitulación del biólogo (padre de la ecología) Ernst Haeckel. Heackel es el primero en afirmar que el niño recién nacido no tiene conciencia y que ésta es adquirida un tiempo después de nacer. Haeckel escribe esta descripción de la evolución del “alma” del niño, en su célebre obra El Enigma del Universo (1899). De acuerdo entonces a los historiadores, tanto la teoría de Wallon como la versión lacaniana vienen a ser modelos más “refinados” de la vieja idea de Haeckel.

La diferencia entre la “teoría” de Haeckel y la de Lacan, es que este último asume una disyunción entre el cuerpo físico y la capacidad neurológica necesaria para controlar este cuerpo. Para Lacan, esta supuesta disyuntiva además es la fuente tanto de conflicto como de angustia para el niño. Aunque no existe antecedente ni evidencia para tales afirmaciones, Lacan busca hacer pasar su teoría como un hecho fundamental en la evolución biológica.

A continuación, Lacan afirma que es debido a todo esto que el niño busca de forma desesperada escapar de la discordia primordial en una especie de “alienación autoimpuesta”. Al conseguir identificar su imagen en el espejo lo hace con mucho “júbilo”. El niño se identifica “en el otro” (su reflejo). Es aquí donde se supone, el niño entra al mundo del lenguaje, en una clase de “drama de Edipo”, en la búsqueda de un falo o una alternativa para insertarse en el lenguaje. Así es como busca Lacan en su “teoría” del estadio del espejo unirla con el psicoanálisis.

Existen tantas críticas a esta idea (una vez elaborada en mayor extensión, ya que aquí solo se trata de presentar una síntesis. La forma en que Lacan explica el estadio del espejo es un ejemplo de cómo se expresa un oscurantista) que muchos consideran que sería conveniente dedicar todo un libro para exponerlas de forma ordenada.

Sin embargo, una de las dudas más simples que despierta esta “teoría” es cómo resulta posible que una “teoría” del desarrollo humano dé primacía a un suceso trivial como el de mirarse a un espejo por encima de la relación del infante con sus padres.

Una objeción más rigurosa es cuestionar que siquiera el estadio del espejo pueda considerarse como una teoría. El historiador Richard Webster cita esta objeción presentada por Tallis:

"Una medida del valor, la verdad o el poder explicativo de una teoría  es su capacidad para predecir nuevos hechos o por lo menos para dar cabida a hechos que no fueron tomados en cuenta cuando la teoría fue formulada originalmente. Si la maduración epistemológica y la formación de una imagen del mundo dependían de la captura de la vista de uno mismo en un espejo, entonces la teoría predeciría que los individuos con ceguera congénita carecerían individualidad y serían incapaces de entrar en el lenguaje, en la sociedad o el mundo en general. No hay evidencia alguna de que esta consecuencia no plausible de la teoría se confirme en la práctica."
Bien podríamos seguir con más ejemplos de lo oscurantista, irracional y anticientífico que es el psicoanálisis lacaniano, pero considero que estos dos puntos tratados (medulares para esta escuela) son suficientes como ejemplos de por qué esta se incluye en la psicología humanista: resulta ser una corriente ecléctica que buscar servirse tanto de conceptos científicos, filosóficos, psicoanalíticos y psicológicos (pero niega ser parte de la ciencia o la filosofía); se presenta como una corriente alternativa a la psicología científica (no es muy difícil adivinar que las tesis lacanianas son aisladas, es decir, no se sostienen ni buscan sostenerse en el conocimiento de la neurociencia, la psicobiología, la biología evolutiva o alguna otra ciencia); puede llegar a presentar premisas verificables, pero ignora a propósito los métodos científicos; presenta ambigüedad en los conceptos que maneja, haciendo de esta una postura irreconciliable con la rigurosidad y la claridad.

Pero quizá no haya mejor forma de concluir una reseña crítica sobre Lacan que citando la conclusión de Sokal y Bricmont en Imposturas Intelectuales, anticipándose críticas que no atienden a los reclamos, dudas y argumentos presentados:

"Los defensores de Lacan... tienden a responder a estas críticas con una estrategia que podríamos llamar de "ni/ni": esos escritos no se deben valorar ni como científicos, ni como filosóficos, ni como poéticos, ni... Nos hallamos ante lo que se podría denominar <<misticismo laico>>: misticismo, porque el discurso intenta producir efectos mentales que no son puramente estéticos, pero sin apelar a la razón; laico, porque las referencias culturales (Kant, Hegel, Marx, Freud, matemáticas, literatura contemporánea, etc.) no tienen nada que ver con las religiones tradicionales y son atractivas para el lector moderno. Por lo demás, los escritos de Lacan adquirieron, con el tiempo, un carácter cada vez más críptico -característica común de muchos textos sagrados-, combinando los juegos de palabras y la sintaxis fracturada, y sirviendo de base para la exégesis reverente de sus discípulos. Es pues, legítimo preguntarse si no estamos, al fin y al cabo, en presencia de una nueva religión."

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*El ensayo "The cult of Lacan.  Freud, Lacan and the mirror stage", de Richard Webster, autor también del libro Why Freud Was Wrong: Sin, Science and Psychoanalysis, muestra una historia completa de los sinsentidos de Lacan en orden cronológico.

*El ensayo "The Art of Darkness", de Maarten Boudry publicado en Scientia Salon, presenta un análisis cognitivo ante la pregunta ¿por qué las personas encuentran autores como Lacan tan atractivos, a pesar de que no los entienden?

*Imposturas Intelectuales, de Alan Sokal y Jean Bricmont, Editorial Paidós.

*Filosofía de la Psicología, de Mario Bunge y Rubén Ardila, Editorial Siglo XXI.

*El Psicoanálisis ¡Vaya Timo!, de Carlos Santamaría y Ascensión Fumero, Editorial Letoli.

sábado, 21 de junio de 2014

Retos UFO-Ilógicos IV: osnis


Por alguna extraña razón, he estado algo ausente, aun teniendo en cuenta que tengo varios artículos con por lo menos dos series a terminar que aun les debo (la de mis filósofos favoritos, y ésta, sobre los principales casos de ovnis. También tengo pendiente una respuesta a las críticas que me hicieron veganos hace un tiempo, y una respuesta a las "observaciones" de Zugasti sobre la "ciencia de la raza"). Por todo eso pido una disculpa, no he tenido mucho tiempo para publicar, y el tiempo que he llegado a tener lo he desperdiciado en otras cosas.

Bueno, aclarados estos puntos, sigamos con esto. Desde hace un tiempo me ha llamado bastante la atención los casos de los denominados osnis (objetos sumergidos no identificados, para aquellos que no los conozcan). Si bien, podemos decir que un submarino enemigo no detectado durante una guerra, un tiburón ballena o un naufragio sin identificar se pueden catalogar como osnis, los ufólatras se refieren a estos como naves extraterrestres (ovnis) que prefieren pasearse por debajo de ríos, lagos y océanos. De hablar de ovnis en el espacio, ahora hablamos de ovnis en nuestras aguas.

Como les contaba, estos casos me han llamado la atención desde hace bastante tiempo, pero sobre todo por su poca difusión e investigación desde los círculos y asociaciones escépticas. Esto no sucede en cambio con los vendedores de misterio; buscar entradas de casos de osnis en internet es relativamente sencillo. La lista de casos de osnis que ofrece el sitio Water UFO, del piloto retirado y ufólogo Carl Feindt, es sencillamente impresionante, con casos que datan de los años 500 hasta llegar al 2013 (incluye sucesos que se podrían considerar destacables, como el avistamiento de Cristóbal Colón). Incluso en los archivos Klass, las referencias a los osnis son escasas. ¿Por qué los investigadores serios han dejado de lago los avistamientos de osnis? ¿Por qué casi no hay referencias de investigaciones críticas sobre el tema?

Para responder a esas preguntas, primero debemos plantear otras más que servirán como antecedente: ¿Qué son exactamente los osnis? ¿Qué pruebas respaldan los testimonios? ¿Existen explicaciones simples de origen humano o natural para estos casos? El término osni ya de entrada resulta ser sospechoso. El investigador Leopoldo Zambrano Enriquez afirma que el origen de este concepto se encuentra en la obra del reconocido charlatán Erich von Däniken, refiriéndose a todo un conjunto de avistamientos variados que van desde reportes de ovnis flotando en mares o ríos, hasta casos en los que objetos gigantescos salieron de forma inesperada de las profundidades despegando con altas velocidades hacia el espacio. Aceptar algo como un "fenómeno osni" es aceptar ya de entrada la existencia del fenómeno ovni (un punto que hasta ahora, a más de 60 años de investigación sobre el asunto, no hay razón válida para sostenerlo). Los osnis son ovnis que entran en el agua; los ovnis son naves de origen desconocido (presumiblemente extraterrestres) avistados en el cielo; por tanto, los osnis son una clase de avistamiento de ovnis algo poco común.

Dentro de la literatura ovni, las especulaciones sobre los extraterrestres y los océanos es bastante rica en imaginación, pero carente de cualquier evidencia. Varios temas recurrentes que los ufólogos presentan como auténticos enigmas (tales como el triángulo de las Bermudas, el mar del diablo y las conspiraciones que ocultan bases submarinas) suelen tener a los osnis como referentes comunes. Son pocos los casos que pueden considerarse como serios, y de estos, son aún menos los que pueden llegar a ser investigados ya que es usual que solo se cuente con testimonios sin evidencia que los respalden. Esto hace que estos casos se vuelvan imposibles de verificar o de refutar, de modo que se vuelven irrelevantes para determinar la existencia real de algún fenómeno. Es posible encontrar casos desconcertantes, pero debido a la falta de evidencias, lo más probable es que nunca podamos saber con certeza qué es lo que era avistado (lo cual no es excusa para asegurar que fueron alienígenas).

Por si fuera poco, como suele ser común en la ufología, es fácil encontrar casos exagerados a propósito. Ejemplo de ello es el caso de los ya mencionados avistamientos de Cristóbal Colón o el amarillismo de los pseudo-documentales como los que suelen pasar en The [Pseudo]History Channel. Colón ha sido siempre objeto de los vendedores de misterios; se ha llegado afirmar que la flota del descubridor de América fueron las primeras víctimas del triángulo de las Bermudas, ya que al llegar al Golfo de México, reportaron una serie de anomalías. Según los escritos del navegante, no muy lejos de encontrar por fin tierra, las brújulas no coincidían con la estrella polar; además, una noche se reportó el avistamiento de luces extrañas, presumiblemente hacia el horizonte, con la intensidad de una vela que se movían "de arriba hacia abajo." Aunque el escrito de Colón admite que no se descartaba la posibilidad de que fuera una señal de tierra, e ignorando el hecho que cuatro horas después se identificó con plena certeza tierra, cuando el caso fue dado a conocer por parte de History, se aseguró que Colón había visto emerger platillos voladores del agua, asustando a los tripulantes de las carabelas. Se asegura que Colón no pudo haber visto señales de fogatas en tierra, ya que las luces se veían en el horizonte.

Pero no hay una sola parte en los escritos de Colón que asegure que algo emergió de las aguas, y lo que es más, queda fuera de dudas que los tripulantes de las carabelas ya sospechaban que las luces fueran señales de tierra. La anomalía de las brújulas nos resultaría inexplicable si aún viviéramos en el siglo XV, pero hoy sabemos que las brújulas apuntan hacia el norte magnético, el cual no siempre puede ubicarse en la misma dirección del norte geográfico (que está alineado con la estrella polar). Si navegas por el océano Atlántico rumbo a América, te toparás con esto, ya que el norte magnético no se ubica igual en América que en Europa. Este dato no lo sabían Colón y su tripulación, pero hoy es un fenómeno bien conocido por los marineros.

La bioluminiscencia marina puede ser
el fenómeno causante de muchos avistamientos
de osnis.
Como vemos, algunos parece no importarles la rigurosidad cuando se trata de investigar casos que resultan "anómalos." Pero existen otros casos extraños que hablan de luces en el mar durante la noche. Resulta ser que casos de este tipo están bien documentados, pero tienen una explicación bastante terrestre. Lo que es más, no se trata de objetos de origen humano, sino de microalgas: las hemotalasias o marea roja. Las mareas rojas son manchas gigantes que se pueden mirar en las costas, causadas por la proliferación excesiva de microalgas. Este tipo de contaminación natural adquiere su color típicamente rojo debido, principalmente, a la presencia exagerada de algas rojas. Aunque hablar hoy en día de mareas rojas es algo común, lo cierto es que durante siglos fue todo un enigma. El conjunto de las microalgas causantes de este fenómeno son en su mayoría microorganismos dinoflagelados. ¿Pero qué tienen que ver estos organismos microscópicos con los casos de osnis?

La respuesta la podemos encontrar en una anécdota. El investigador de fenómenos paranormales y antiguo miembro de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica, Luis Ruiz Noguez platica que:
"...cuando leí a Vicent Gaddis y a Harold T. Wilkins me enteré que también había Objetos Submarinos No Identificados. Me parecían mucho más impresionantes las 'enormes ruedas luminosas' que giraban debajo de los barcos en el Océano Indico, que los puntos de luz que volaban por los cielos.
Una cosa es una rueda fosforescente, del tamaño de un barco, que pasa justo debajo de un navío, que es vista por su tripulación a tan sólo unos metros de distancia; y otra, objetos diferentes (en el límite de la resolución del ojo humano) a cientos o miles de metros de distancia. 
Luego los libros de William Corliss me indicaron que, en efecto, el fenómeno existía y que había sido analizado en revistas como Nature o Science. Y claro que hay una gran distancia entre esos libros de misterios y estas revistas científicas.
Fue hasta la facultad que supe el origen de este prodigio y con ello se hundió uno más de mis enigmas favoritos. El fenómeno se debe a la bioluminiscencia marina de diversos tipos de microorganismos dinoflagelados, como Gonyaulax polyhedra, que emiten esta luz al sentir una fuerza sobre su membrana celular. Esta fuerza puede ser generada por las mismas olas o por el paso de un barco."
Tal como Ruiz Noguez explica más adelante, estos mismos organismos son los que se encuentran relacionados con la marea roja. De hecho, la marea roja puede llegar a brillar por las noches. La bioluminiscencia es un fenómeno fascinante presente en varios tipos de organismos, tanto terrestres como marinos.

Los dinoflagelados pueden crear espectáculos increíbles como lo muestra este video (se antoja estar ahí disfrutando del suceso):


Si bien la bioluminiscencia "arroja luz" sobre algunos casos en apariencia misteriosos, en tiempos recientes algunos volvieron a tener a los osnis en la cabeza luego que se hicieran virales una serie de fotografía que mostraban un extraño fenómeno en las profundidades. A principios de 2012 el fotógrafo marino japonés Yoji Ookata publicaría su extraño descubrimiento: unos extraños círculos de arena con hasta 2 metros de diámetro. Las bellas y desconcertantes imágenes parecen recordar los fraudulentos círculos de cosecha de origen inglés.

Estos extraños círculos de arena dentro del mar desconcertaron
a más de uno cuando se dieron a conocer por un fotógrafo
japonés.
Mientras que se ha demostrado en variadas ocasiones que estos últimos son creaciones artísticas muy humanas, los círculos de arena, en cambio, presentan un grado de complejidad adicional: estos aparecen a varios metros de profundidad en las aguas japonesas. ¿Cómo podría ser que exista un artista, que es bromista, que bucea y que además es capaz de realizar complejas figuras con una elegancia impresionante? Si algo es resulta tan poco probable como explicar el fenómeno con alguna teoría extraterrestre, ¿no sería racional pensar en los osnis como una posibilidad? La verdad no (y de hecho, un bromista seguiría siendo mucho más probable que extraterrestres que bucean para hacer círculos en la arena de mar).

Buscando una explicación a este fenómeno, la cadena de televisión japonesa NHK decidió investigar el asunto. ¿Lo que se encontró? Ni extraterrestres ni humanos mega hábiles; los causantes de los círculos de arena no son otros más que los peces globo macho, capaz de crear estas figuras tan extrañas utilizando sus aletas. El pez globo macho crea los círculos con el objetivo de atraer hembras. Es decir, estas figuras son el resultado de una técnica de apareamiento en la que el pez macho incluso decora su dibujo con conchas blancas. Una vez que atrae a una hembra, estos se aparean en el medio del círculo para, posteriormente, depositar ahí mismo los huevecillos ya fertilizados. Este tipo de conductas puede verse en otras especies de animales (un ejemplo más es el pájaro jardinero), en las que el macho busca impresionar a la hembra con su creatividad creando complejas y atractivas estructuras.
Una investigación demostró que los autores de los
círculos de arena tienen branquias y son 100%
habitantes del planeta Tierra.

Los círculos de arena son estructuras impresionantes, pero de origen terrestre. Tal parece que no es posible hablar de algún caso verdadero de avistamientos osni. Como hemos visto, mientras algunos se reducen a la evidencia anecdótica volviéndose irrelevantes con algo de especulación y amarillismo, otros pueden tener explicaciones en fenómenos inusuales de los océanos, pero igualmente de origen natural no extraterrestre. Esto, desde luego, no significa que no puede ser posible que existan bases extraterrestres submarinas con habitantes que navegan por todos los mares en sus naves espaciales-submarino que nosotros identificamos como osnis. No significa que no sea posible, pero el que sea posible tampoco significa que sea lo que ocurre en realidad. Existen bastantes razones para pensar que los osnis, igual que todo el fenómeno ovni, es más un fenómeno cultural, algo que está presente en nuestras creencias, no en nuestros mares. Esta tal vez sea la razón por la que los escépticos no prestan mucha atención a estos casos.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*La entrada "Osnis", de Wikipedia en español ofrece enlaces de interés sobre el fenómeno.

*El artículo "OSNIs: Objetos Sumergibles No Identificados", de Adrián Alauzis, publicado en el diario El Barrio Online.

*Las entradas "Bioluminiscencia marina" y "Las mareas rojas y luminiscentes", en el blog Marcianitos Verdes, de Luis Ruiz Noguez, ofrecen explicaciones de excelente calidad sobre los mecanismos de la bioluminiscencia marina, junto a videos que muestran este bello espectáculo natural.

martes, 6 de mayo de 2014

La lista de la vergüenza, el turno de las universidades mexicanas

Hace 4 años nacía el blog que hoy día goza de fama internacional ocupándose de denunciar la charlatanería en las universidades españolas: La lista de la vergüenza (hoy un blog extensión de la red de divulgación Naukas) del abogado y socio fundador del Círculo Escéptico, Fernando Frías.

Frías, cansado (como muchos ciudadanos) de ver cómo se usaba el nombre y prestigio de algunas universidades para eventos y títulos en pseudociencias, decidió hacer una denuncia racional de este problema. Con las armas del pensamiento crítico y la libertad de expresión de internet, este escéptico indignado inició lo que sería un éxito de Blogspot que marcaría algunos puntos a favor de la lucha contra la pseudociencia en España, evitando algunos eventos y programas pseudocientíficos en universidades españolas e informando de la pena ajena que dan otras por la intrusión en sus espacios de charlatanes de la homeopatía, la anti-vacunación, el espiritismo, el creacionismo, las medicinas alternativas, la astrología y otras choradas variadas.

Pues bien, el recibimiento y la controversia que causó este blog se extendió a otras partes del mundo hispanohablante, creándose así las versiones colombiana, chilena y argentina de la lista de la vergüenza, sostenidas por David Osorio, la Asociación Escéptica de Chile y el Círculo Escéptico Argentino respectivamente. En cada una de ellas, es posible mirar con tristeza el cómo tantas universidades latinoamericanas dan hospedaje a la pseudociencia en variadas formas; pero lo cierto, es que este problema no está solo presente en España o en los países latinos que cuentan con su propia lista de la vergüenza. Si hay un lugar donde parece que la pseudociencia y el charlatanismo académico son la norma y no la excepción en las universidades, ese lugar es México.

México, el país en donde tenemos iniciativas para que prácticas como la homeopatía sean vistas y vendidas de la misma forma que la medicina científica; el país donde hay universidades que dan charlas sobre exopolítica y ufología; el país donde existe una Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía, sostenida con el impuesto ciudadanos; el país donde se declara todo un estado como "capital mundial de la fotosíntesis humana"; el país donde tenemos locos del par biomagnético dando pláticas en la mayor casa universitaria de la nación;  el país donde tenemos pseudo-Galileos creyendo que revolucionaran la física con tesis extrañas que postulan la "gravedad repulsiva"; el país donde un Consejo Nacional para la Cultura y las Artes difunde propaganda de negacionistas del sida; el país donde contamos con asociaciones que ofrecen diplomados en charlatanería, como el Instituto Mexicano de Parapsicología o como la Asociación Nacional de Médicos Homeópatas Cirujanos y Parteros del DF, quienes aseguran que el sida se puede curar o tratar con homeopatía porque es una enfermedad ambiental no causada por el VIH; el país donde un Instituto de Filosofía ofrece diplomados en psicoterapia psicoanalítica; el país en donde se prestan espacios universitarios para sectas pseudointelectuales como la Red Analítica Lacaniana.

En fin, si existe un lugar donde más charlatanería académica se puede encontrar alojada en universidades, colegios e instituciones públicas y privadas por igual, es México. Han pasado 4 años desde que alguien se le ocurrió denunciar la pseudociencia en las universidades en España, pero ¿por qué nos tardamos tanto en México?

Bueno, aunque ya existían espacio abiertos de denuncia en redes sociales, como el grupo No a las pseudociencias en la UNAM, lo cierto es que ya era hora de contar con un sitio web que denunciara estos lamentables casos que avergüenzan y dañan a los ciudadanos mexicanos. Así, Andrés Tonini, uno de los bloggers que se ocupó de cubrir de forma detallada el fraude del GT200 en nuestro país, se decidió por crear La lista de la vergüenza. Capítulo México, con una entrada amena pero excelente sobre la vergüenza de la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía del Instituto Politécnico Nacional.

Aunque el proyecto recién lo inauguró el día de ayer, ha recibido muy buena aceptación, con más de 4, 000 visitas en solo un día. Tonini muy seguramente recibirá el apoyo de muchos otros que igual que él, están (estamos) indignados con la situación de esta invasión de pseudociencias en las instituciones mexicanas. En lo personal, espero acepte mi solicitud para colaborar en este nuevo proyecto que, pienso yo, basado en el éxito de estas mismas listas en otros países, tiene la promesa de ser lo bastante exitoso como para, tal vez, en un futuro no muy lejano, comenzar a establecer normas y leyes en contra de la charlatanería en las universidades. O eso es lo que sinceramente espero y le deseo a este proyecto.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

* "La seudociencia nos invade", artículo de Martín Bonfil Olivera, publicado en su blog La Ciencia por Gusto.

*"Manifiesto por una universidad libre de pseudociencia y oscurantismo", publicado por J.M. en el blog La Ciencia y sus Demonios.

viernes, 11 de abril de 2014

Un ejemplo de cientificismo del chafa


Como es bien sabido, soy un militante defensor del cientificismo (y los que no lo saben, pues entérense), entendiendo por éste a la postura que acepta que no hay mejor forma de obtener conocimiento que usando la metodología científica y que no hay conocimiento más confiable (gracias a las evidencias y la consistencia lógica en la que se respalda) que el conocimiento científico.

Como cientificista es casi un deber el denunciar las tonterías resultado de tesis de tipo posmodernas como el relativismo cultural, el multiculturalismo o las ingenuidades del historicismo. Es también obvio que al darse cuenta de la validez del cientificismo, las supersticiones, las pseudociencias y el fundamentalismo se vean como lo que son: una amenaza para la sociedad y para la cultura.

Pero como cientificista, uno también siente el deber de denunciar los excesos de un "fundamentalismo cientificista" que, aunque debió de haber muerto junto al positivismo lógico de inicios del siglo XX, sigue vivo entre varios divulgadores y científicos actuales. Un ejemplo de esto es el artículo publicado en 2011 en el famoso portal de divulgación Naukas, titulado "Del relativismo al cientificismo." El artículo, escrito por el científico (Master en neurociencia y biología de la conducta) César Tomé López, nos muestra la denuncia justa del charlatanismo académico conocido como relativismo cultural, sostenido por algunos que se hicieron (y se hacen) llamar "intelectuales" como el showman Paul Feyerabend.

Sin embargo, Tomé López asegura una serie de ideas que sencillamente no podríamos defender por ser irracionales. Veamos a qué me refiero. En el artículo se afirma que "...si partimos de una hipótesis bien sencilla, a saber, que en el universo de una misma causa se sigue siempre un mismo efecto, ceteris paribus, podemos establecer un criterio de clasificación de las tradiciones del conocimiento independiente del camino que recorran, basándonos solamente en los resultados. Existirán entonces las que permitan describir el universo y lo que en él sucede, y usar ese conocimiento para predecir hechos consistentemente, mejorar nuestra vida (tratando la enfermedad con eficacia) y modificando el entorno a nuestra conveniencia (máquinas, estructuras), y las que no. Sólo un tipo de conocimiento es capaz de superar este test, la ciencia, además confirmando que lo complejo es reducible a partes más simples incluso si el todo es más que las partes."

Aunque esta "hipótesis" (obviamente no es una hipótesis científica, sino filosófica) puede verse como una descripción fiel de la ciencia, lo cierto es que de aquí no se valida la idea de que el único conocimiento qué valorar sea el que corresponda con la hipótesis descrita (tal como posteriormente da la impresión que se afirma). Manifestaciones humanas como el arte, la ética o la política no se ajustan a esta idea, y aun así es bien valorada tanto la necesidad del arte como de la ética y la política en la cultura y la sociedad. Y lo que es más, este tipo de actividades humanas ni siquiera se interesa en encajar en esta descripción, sencillamente por sus objetivos: mientras que la ciencia busca generar conocimientos sobre los hechos empíricos (o sea, sobre el mundo real), ni el arte ni la ética ni la política buscan hacer esto. 

Tomé López "redefine" el cientificismo como "...la visión del mundo en todas sus manifestaciones que afirma que éstas son entendibles y explicables por la razón empírica, sin necesidad de recurrir a especulaciones míticas, religiosas o sobrenaturales de ningún tipo, y que genera el único conocimiento cierto." Aunque ciertamente se nos dice desde el cientificismo que no hay necesidad de especulaciones de tipo sobrenatural o supersticiosa, es falso que el mundo "en todas sus manifestaciones" sea completamente entendible y explicable por la razón empírica. Cierto, Tomé nunca afirma "completamente", pero eso es al menos lo que está dando a entender. 

El problema es que la "razón empírica" (quiero pensar que con este vago concepto se refiere a la investigación científica en su totalidad) puede hacer entendibles y explicables problemas o fenómenos de tipo empírico, puesto que son verificables; pero no es posible hacer lo mismo con problemas de tipo semántico y/o lógicos, y aun así, eso no significa que el conocimiento obtenido sin usar esa "razón empírica" no sea válido.

Pero si hay algo en el escrito que es digno de un facepalm, no podría ser otra cosa que las "deducciones" que "por lógica" Tomé López deriva de sus afirmaciones:
a) Las ciencias experimentales son más importantes que las humanidades/”ciencias sociales”/artes/religiones a la hora de comprender el mundo en el que vivimos, o incluso, son lo único que necesitamos para esa comprensión.
b) Sólo es aceptable intelectualmente una metodología científica. Por lo tanto, si las humanidades/”ciencias sociales”/artes/religiones quieren ser parte del conocimiento genuino deben adoptarla y asumir las consecuencias.
c) Los problemas filosóficos son realmente problemas científicos y sólo deben ser tratados como tales.
Primero la idea de que "las ciencias experimentales sean más importantes que las humanidades/"ciencias sociales"/artes/religiones a la hora de comprender el mundo en el que vivimos..." no se adecua (irónicamente) con la realidad, ya que como se dijo, existen conocimientos de tipo deductivo y conceptual no empírico (como en la lógica-matemática y la semántica), los cuales son válidos y nos dicen "algo" sobre el mundo en que vivimos (nos dicen la consistencia de nuestras afirmaciones y lo que el significado que éstas tienen). También es falso que las ciencias experimentales sean "lo único que necesitamos para esa comprensión", ya que incluso las ciencias experimentales presentan problemas conceptuales, lógicos y semánticos que no pueden ser contrastados con experimentos. Para acabar con este punto, las humanidades/"ciencias sociales"/artes (no puedo decir lo mismo de las religiones) no se enfocan en el estudio del mundo en el que vivimos del mismo modo que lo hacen las ciencias experimentales. En el caso particular de las ciencias sociales (así, sin comillas), sí se podría decir que estudian parte del mundo en que vivimos, y esa parte sería la social. Como ciencias (o como disciplinas que aspiran a ser científicas) es obvio que hace falta de la investigación científica con todo lo que esto conlleva, por lo que decir que las ciencias experimentales son más importantes que las ciencias sociales no tiene mucho sentido, ya que ambas buscan obtener conocimientos bien sustentados en la evidencia (aunque es cierto que es más fácil encontrar tonterías en ciencias sociales y que es más difícil de restarles importancia).

En lo que respecta a las humanidades (y por éstas, se entiende el conjunto que se conforma por los elementos conocidos como filosofía, arte, literatura, política, economía y ciencias sociales, algo que no estoy tan seguro que Tomé López esté tomando en cuenta), al ser un abanico gigantesco de distintas actividades culturales resulta obvio que depende de la disciplina de la que se hable para saber si ésta en realidad es "menos importante" que las ciencias experimentales, y luego preguntarse en qué sentido es "menos importante." Tomé López toma como apartado al arte, el cual es parte de las humanidades. Y pues no, el arte no es "menos importante" que las ciencias experimentales a pesar de que este no se rige por el método científico (si uno quiere ser un alguien que solo dice obviedades, es claro entonces que el arte no es "importante" para producir conocimientos... pero ¿acaso es tan necesario recordar que tampoco es lo que se pretende desde esta actividad?). 

Segundo, si es falso que las disciplinas que no se guían por el método científico sean "menos importantes" (o que de hecho, algunas disciplinas como las ciencias sociales sí tratan de tener rigurosidad científica), y también es falso que la única forma de obtener conocimiento bien sustentado es a través de la "razón empírica" (sea lo que sea), resulta por lógica (y sin usar el método científico para confirmarlo) que es falso que disciplinas como el arte y demás humanidades necesiten del método de las ciencias experimentales para ser "aceptables intelectualmente."

Tercero: no, los problemas filosóficos no son problemas científicos, aunque muchos de los problemas clásicos de la filosofía pueden encontrar una respuesta coherente en la ciencia, debido a que muchos de estos problemas son de tipo empírico. Pero lo cierto es que no todos los problemas filosóficos planteados en la actualidad son de tipo empírico o para que quede más claro: no todo problema filosófico se refiere asuntos del mundo real. De hecho los principales problemas filosóficos hoy día se refieren a problemas generales sobre las disciplinas y demás manifestaciones culturales que sí se ocupan de problemas del mundo real (como la filosofía de la ciencia, la cual se ocupa de problemas filosóficos en y de las ciencias, pero no se ocupa del objeto de estudio de las disciplinas científicas).

Tomé López con su escrito nos da un ejemplo de un cientificismo chafa que ignora un universo gigantesco de problemas y que además causa confusión con la vaguedad e inconsistencia de sus afirmaciones. Un cientificista que trate de ser coherente, sabe que, aun cuando es evidentemente cierto que no hay mejor forma de obtener conocimiento sobre el universo que la ciencia, también está consciente que no todo problema es de tipo empírico y mucho menos de tipo científico,  y no por eso dejan de ser problemas válidos que generan conocimientos genuinos; además que no toda actividad humana está enfocada en obtener conocimiento sobre el universo. Algunas tratan de expresar emociones sobre el universo (como es el caso del arte), otras tratan de manejar o manipular "una parte" del universo (como en la sociedad lo hace la política)... en fin, no todo es una cuestión científica, pero eso desde luego, tampoco niega que se pueda cuestionar todo de forma científica.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*La Ciencia, su Método y su Filosofía, de Mario Bunge, Siglo Veinte, México, 1991.

*Scientism as Scientific Belief, artículo de Paul M. Paolini en el blog de Massimo Pigliucci, Rationally Speaking. Pigliucci es conocido por ser un detractor del cientificismo mostrado por autores como Sam Harris, Steven Pinker y Richard Dawkins.

*La entrada Scientism en The Skeptic's Dictionary, de Robert Todd Carroll.

*Science is not your enemy, ensayo de Steven Pinker, traducido en el blog De Avanzada.