"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


viernes, 19 de diciembre de 2014

Día del escepticismo: una alianza entre ciencia y religión

"Hacia el primer día, todos señalábamos a nuestros países. Hacia el tercero o cuarto, señalábamos a nuestros continentes. Para el quinto día, ya éramos conscientes de que sólo hay una Tierra."
Príncipe sultán Bin Salmon Al-Suad.

"La actual crisis medioambiental no constituye un desastre, al menos por el momento. Como otras crisis, esconde un potencial para la manifestación de poderes de cooperación, talento y dedicación hasta ahora no explotados y ni siquiera imaginados. Es posible que la ciencia y la religión difieran acerca del origen de la Tierra, pero cabe coincidir en que su protección merece nuestra profunda atención y nuestros afanes más entusiastas."
Carl Sagan.

Este es el punto azul pálido en el cual habitamos todos. La mota de polvo que llamamos hogar, nuestro único hogar, el cual, merece nuestro respeto y cuidado.

Esta es ya la quinta celebración del Día del escepticismo contra el avance de la pseudociencia en este humilde blog (con excepción del primero, que por ahora está eliminado, puedes ver las entradas anteriores aquí, aquí y aquí). Como ya es tradición, cada año nos concentramos en alguna reflexión sobre la vida y obra del maestro de maestros: el considerado por muchos, mejor divulgador científico del siglo XX (y tal vez, el mejor divulgador en la historia contemporánea), Carl Sagan.

Este año no será distinto, pues nos concentraremos en un tema polémico que prende las señales de alarma de los ateos militantes en nuestros días: la unión entre religión y ciencia. Como es sabido, Carl era un defensor de la educación científica y promotor del pensamiento crítico. Con una combinación virtuosa entre escepticismo y asombro, nos enseñó a cuestionar toda aquella afirmación extraordinaria carente de evidencias extraordinarias que la apoyasen. Utilizando el conocimiento científico y el escepticismo ante las posturas de autoridad, Carl cuestionó ampliamente afirmaciones pseudocientíficas de contenido religioso, tales como las del creacionismo del diseño inteligente que desde hace bastante tiempo, amenaza las aulas de ciencias naturales en distintas escuelas del mundo.

Carl mostró que las ideas de Copérnico y Galileo sobre el lugar de la Tierra en el Cosmos, y las de Darwin sobre el lugar del ser humano en el árbol de la vida, minaban la arrogante idea de que el ser humano era una creación especial hecha a "imagen y semejanza" de un Dios que parece ajeno al sufrimiento de su "obra maestra." El astrónomo nunca creyó en la vida después de la muerte, la existencia del alma o los contactos con los espíritus. Las lecciones de escepticismo teológico que podemos tomar de Carl Sagan son variadas y bastante enriquecedoras, pero el día de hoy utilizaremos esas lecciones para cuestionar una vieja idea, casi sagrada para muchos ateos: hoy miramos con escepticismo la afirmación de que ciencia y religión no pueden aliarse en ningún sentido.

En su obra póstuma, Miles de millones (1997), Carl Sagan dedica un capítulo a esta cuestión, titulándolo "Religión y Ciencia: Una Alianza". Carl es consciente de las contradicciones entre los dogmas religiosos y las teorías científicas modernas, pero también fue realista y un gran observador de la sociedad. Carl, al igual que un grupo de científicos y políticos responsables de los años 90, se dio cuenta que en la lucha por frenar la amenaza del calentamiento global no hay que fijarnos en raza, etnia, ideología o religión. Basta con que sea un humano consciente y responsable para unirse en esta lucha. Los líderes religiosos y sus seguidores entran en este tipo de seres.

En su escrito, Carl recuerda las conferencias, en Oxford en abril de 1988 y en Moscú en enero de 1990, del Foro Global de Líderes Espirituales y Parlamentarios (eventos a los que asistieron, entre muchos otros, el Dalai Lama, el entonces presidente de la URSS Mikhail Gorbachov, la madre Teresa de Calcuta, y el entonces vicepresidente de EEUU Al Gore), y el cómo en Moscú unos cuantos científicos notables formaron un documento que presentaron a los líderes religiosos mundiales que estuvieron presentes. El manifiesto se tituló "Preservar y amar la Tierra: Una llamada para el establecimiento de una comisión conjunta de ciencia y religión", conocido popularmente como El llamamiento.

El llamamiento, entre otras cosas, nos señala que:
Como científicos, muchos de nosotros tenemos experiencias profundas de asombro y reverencia ante el universo. Entendemos que es más probable que sea tratado con respeto por aquello que se considera sagrado. Es preciso infundir sacralidad en los esfuerzos por salvaguardar y respetar el medio ambiente. Al mismo tiempo, se requiere un conocimiento más amplio y profundo de la ciencia y la tecnología. Si no comprendemos el problema, es improbable que seamos capaces de solucionarlo. Tanto la religión como la ciencia tienen, pues, un papel vital que desempeñar.
La respuesta al llamamiento de los científicos acerca del medio ambiente fue pronto firmada por centenares de líderes espirituales de 83 países, incluyendo 37 jefes de organizaciones religiosas nacionales e internacionales, según informa Sagan en su libro.

Carl Sagan no solo mostraba preocupación como ciudadano en cuestiones de educación científica y la denuncia de la irracionalidad, sino que miraba al calentamiento global como lo es, el mayor problema y el mayor reto que ha enfrentado la humanidad en toda su historia. Un problema en el que nos metimos nosotros mismos, en medio de una increíble arrogancia en la que nos consideramos los "dueños del mundo." Carl nos muestra la ironía detrás de esto:
Durante 4,000 millones de años la vida en la Tierra se las arregló bastante bien sin «celadores». Trilobites y dinosaurios, que permanecieron aquí durante más de 100 millones de años, tal vez encontrarían graciosa la idea de que una especie que sólo lleva aquí una milésima de ese tiempo decida autoerigirse en guardiana de la vida en la Tierra. Esa especie se encuentra en peligro. Se necesitan celadores humanos para proteger a la Tierra de los hombres.

Pero no todo está perdido. La solución humana para este problema desde luego, no es nuestra auto-aniquilación, sino la de preservar la vida y preservarnos a nosotros mismos. Es aquí donde entra la religión, la cual, si bien no mueve montañas (para eso, la dinamita es mejor), sí mueve la mente de millones en el mundo. Si esta, junto a la educación escolar y familiar, las políticas públicas y el compromiso personal, se usan en beneficio de la misma humanidad, salvándonos a nosotros mismos del enredo medioambiental en el que nos metimos, acatando los consejos sustentados en el conocimiento científico, tal vez y solo tal vez, podríamos disfrutar de lo que en términos religiosos llamamos "la creación."

Tal vez no nos vendría mal, a todos aquellos que nos encontramos en la militancia contra la irracionalidad y la charlatanería, recordar que el activismo escéptico, como bien nos mostró Sagan, no se trata de una lucha de "nosotros vs ellos", sino de una lucha de nosotros con ellos. Por el deseo de preservar a nuestra especie y este mundo, que es el único que tenemos. Nuestra mota de polvo en el océano cósmico. Esto es algo que se puede lograr con un respeto (sagrado, si se quiere) por la naturaleza, el uso responsable del conocimiento científico (que es responsabilidad de todos), y con una pizca de escepticismo para mantener la coherencia ante todo.





martes, 2 de diciembre de 2014

Ayotzinapa, Chespirito, el Hospital Nacional Homeopático y otros asuntos mexicanos


Estos últimos días, por cuestiones de escuela y trabajo, no he podido tener el tiempo suficiente para sentarme y con paciencia a escribir algunas de mis elucubraciones personales. Por el mismo motivo tuve que cerrar el blog de filosofía que recién había abierto, La pipa de Russell. En todo este tiempo, sin embargo, he tratado de seguir activo en el ciber-espacio, actualizando mi perfil de facebook con temas (según yo) interesantes y traspasando varios de mis artículos viejos al blog de reciente creación, abierto por Roberto Augusto, Filosofía en la Red.

En estos últimos días también se han venido dando una serie de sucesos que han estado en primera plana en todos los periódicos nacionales, sucesos que, por más que uno intente, no puede ignorar. Así decidí publicar mis humildes opiniones sobre estos temas que, al igual que a muchos otros mexicanos, no pude ignorar.

*Ayotzinapa, la corrupción y la vergüenza de los mamertos. El pasado 26 de septiembre un grupo de estudiantes manifestantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, fueron detenidos por policías municipales de Iguala y Cocula. Aquel fue el último día que se les vio a los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Tiempo después, las investigaciones demostraron una horrenda red de corrupción y alianzas de parte del gobierno local con el grupo Guerreros Unidos, escisión del cártel de los Beltrán Leyva. 

El 26 de septiembre los estudiantes, aparentemente, organizaban una manifestación de protesta en lo que sería el informe de gobierno de María de los Ángeles Pineda, esposa del alcalde José Luis Abarca. El mencionado político ordenó la detención de los manifestantes, con un saldo trágico de seis muertos (entre ellos, tres normalistas), 25 heridos y 43 desaparecidos. Los 43 por los que miles de mexicanos, indignados, asqueados y cansados de la brutalidad, el abuso de poder y la complicidad con el crimen organizado, exigían (y aún muchos exigen, exigimos) justicia al grito de ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!


Esto es lo que algunos entienden por "diálogo racional."
Más allá de exigir que los regresen vivos (es evidente que, si fueron asesinados, nunca más los regresarán aún cuando atrapen a todos los implicados), el grito de indignación nacional es evidencia de cómo el pueblo mexicano reprueba y lamenta lo sucedido, solidarizándose con los familiares de las víctimas, quienes, aunque hubieran sido los peores vándalos de la historia de México, nadie tenía derecho a privarlos de su libertad y, mucho menos, de privarlos de sus vidas. Ayotzinapa es solo uno de los varios ejemplos de la injusticia social, las cucarachas que están en posiciones de poder, el cáncer que tiene en agonía el sistema social mexicano y la carencia moral de aquellos que son capaces de perpetrar semejantes crímenes contra la humanidad.

El caso Ayotzinapa es un asunto lamentable e indignante, pero igual de lamentable han sido las acciones que se han venido dando en todo el país en nombre de la tragedia: vandalismo, destrucción de propiedad privada y espacios públicos, secuestro de camiones, bloqueo de carreteras, conspiranoia y más y más irracionalidad. Los que se dicen "anarquistas" (mamertos, para los compas) piden cosas tan ridículas (por decir lo menos) como la renuncia del copetudo Peña Nieto, y no han hecho otra cosa más que hacer que en el país se sienta mayor desconfianza e indignación, pero ahora por la vergüenza que representan estos grupos pseudo-revolucionarios que, siendo minorías aisladas e irrelevantes, consiguen mediante la destrucción que se les preste la atención que no merecen.

Personas como esas no merecen estar en las calles. Este tipo de personas merecen ser encarcelados y tener un juicio justo con una condena que se corresponda con sus crímenes; pero eso sí, cuando se trata de ellos vs los policías, se miran a sí mismos como guerreros del pueblo en una causa estilo "guerra santa", pero cuando las autoridades por fin obtienen valor suficiente para hacer algo por mantener la paz y garantizar la seguridad, tanto de los verdaderos manifestantes como del resto de la ciudadanía, llamamos a estos los victimarios de los mártires estudiantes que se manifiestan porque piden justicia. 

La pregunta que me hago y que mantengo en el aire es muy simple: estos vándalos y criminales callejeros (porque lo de anarquistas les queda demasiado grande. Bakunin seguro se volvería a morir al ver lo que estos sujetos han hecho con su filosofía; lo de estudiantes ni siquiera debe ser mencionado, pues es evidente que de universitarios, entendiendo bien esta palabra, no tienen nada) exigen que las autoridades cumplan con su deber impartiendo la justicia incluso cuando se trata de políticos y narcotraficantes. Pero cuando los perpetradores del desorden y la injusticia son ellos mismos, ¿piden que se les deje tranquilos? ¿Tanta es su miseria e hipocresía?

Tal como comentaba unos días atrás, es penoso ver que incluso instituciones como las universidades públicas se presten a este tipo de escándalos. Las universidades, en mi humilde opinión, no son lugar para activismo cercano al pandillerismo, sino que son la zona donde se cultiva el pensamiento crítico, racional, tolerante y basado en los duros hechos, para evitar salirnos del tema, tal como ha pasado con el asunto de Ayotzinapa. 

Es una lástima que una tragedia así se vuelva excusa para el vandalismo y la irracionalidad de pseudo-izquierda.

Véase más: "Cronología del caso Ayotzinapa: los 43 normalistas que aún no aparecen", artículo en Animal Político.

*Chespirito, la miseria de la derecha y más vergüenza de mamertos. Hace cosa de cinco días, Latinoamerica recibía la noticia que hizo llorar a más de uno: Roberto Gómez Bolaños, mejor conocido como Chespirito, moría a los 85 años de edad debido a complicaciones respiratorias. La noticia me tomó de sorpresa. El creador de personajes como El Chavo del 8 y el Chapulín Colorado había muerto, personajes que me hicieron reír en toda mi infancia y que, aún de vez en cuando los suelo mirar (y me siguen sacando una que otra carcajada).


Buen comediante y actor, un asco de persona. Contrario a lo que sus defensores más fanáticos puedan decir, no es odio, es simplemente ser sinceros.
Como toda celebridad a la hora de morir, a Chespirito lo homenajearon tanto como lo atacaron, ambas partes con justas razones en parte y con grandes desatinos también. Por un lado, es innegable la influencia de los personajes tan icónicos creados por Chespirito en la cultura popular del mundo hispanohablante. Generaciones enteras se rieron de las mensadas de cada lunes que el Chavo del 8 hacía en la vecindad. Chespirito tiene sin duda un lugar bien merecido en el salón de la fama de los comediantes, pero la verdad es que no es para tanto. Muchos de los encabezados de periódicos y noticieros lo enaltecían como un genio de la comedia, algo que es completamente falso.

Si algo le faltó a Chespirito fue ser un genio, pues si uno mira con detenimiento toda su creación, se dará cuenta que no es más que la repetición de los mismos chistes capítulo tras capítulo, sin importar de cuál serie se hable, sea El Chavo, El Chapulín, El Doctor Chapatín, etc. A diferencia de otros comediantes de la época dorada del cine mexicano, Chespirito se quedó corto, demasiado corto en cuestión de genialidad. Quizás es por eso que a tantas personas les (nos) gusta tanto ver sus programas: porque a pesar de no presentar nada fuera de lo ordinario, nada que no se le pudiera ocurrir a cualquier otro, sus personajes reflejan de forma burda e inexacta la sociedad latina, en especial la clase media baja.

Entonces, sí, fue un gran comediante pero estuvo lejos de ser un genio de la comedia.

Por otro lado, sus críticos se ocuparon de recordarnos el asco de persona que era Chespirito y las bajezas que reflejaban sus creaciones: "lamentable, perpetuador de una visión iturbidista y de los Caballeros de Colón, fascista y autoritario, una visión de la comedia y la diversión pacata, miserable y estrecha, el chiste bobo adornado de arrogancia, clasismo y superficialidad, falto de ideas y agresivo con la persona [...] Si a eso le añades las campañas de Chespirito en favor de Fox y Calderón y su lucha contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su aborto, pues muy simpático no me resulta, no. Y que ese esperpento [...] se erija como "icono cultural" mexicano junto con Cantinflas me parece lamentable." escribía el periodista Mauricio-José Schwarz a finales del año pasado en un artículo que en estos últimos días recobraría popularidad.

Chespirito fue un sujeto sumamente conservador, llegando afirmar que Vicente Fox había sido el mejor presidente en la historia de México (¡hazme el chingado favor!), simpatizando y prestándose para comerciales del PAN (el partido político más retrógrado en el país), participando en campañas contra la despenalización del aborto, y sintiéndose bastante cómodo visitando países latinos sometidos en dictaduras de derecha. Eso sí, las afirmaciones virales de facebook  sobre que Chespirito fue el "idiotizador" de millones, que Televisa elaboró el homenaje de despedida para que todos nos olvidáramos de Ayotzinapa o, más cómico aún, que Peña Nieto fue el autor intelectual para que muriera Chespirito y que así consiguiera una cortina de humo para quién sabe qué oscuros planes, resultan sencillamente las publicaciones más "idiotizadoras" que he visto en redes sociales (irónico, ¿no?).

Era pues, y lo sostengo firmemente, un asco de persona, un pésimo ejemplo de persona para los mexicanos y para América Latina entera. Aún así, tengo ganas de ver el capítulo en el que el Chavo del 8 se imagina que entra a la casa de la Bruja del 71 y la encuentra preparando un brebaje para Don Ramón.

Véase más: "Cantinflas y Chespirito", artículo de Mauricio-José Schwarz en su blog No Que Importe; "Chespirito y su relación con las dictaduras de AL", artículo de Eduardo Bautista en El Financiero.

*El Hospital Nacional Homeopático y la vergüenza de Peña Nieto. Más o menos en los mismos días en que se despedían de Chespirito, el copetudo de su presidente Enrique Peña Nieto anunciaba orgulloso la re-inauguración del Hospital Nacional Homeopático (HNH), el cual había entrado en funcionamiento tres meses atrás. El copetudo comentaba que se sentía complacido con la existencia de un lugar como el HNH, el cual fue el primer hospital en su tipo en toda Latinoamerica (gracias a Dios), con su "modernísima" terapia del siglo XIX (siglo en el que se inauguró la dichosa institución).

Nuestro copetudo presidente nos recuerda  en su discurso de inauguración que:
"Recordemos o, más bien, aquí quiero referir que en lo que va de esta Administración se han modernizado 47 institutos o centros de salud en todo el país, con una inversión superior a los 10 mil millones de pesos, aunado a la inversión que se viene haciendo dentro del sector salud, para ampliar la infraestructura de servicios [...]"
Y eso sí, las felicitaciones a los homeópatas que laboran en el HNH no se hicieron esperar:
"[...] Un hospital que se concluyó la obra hace ya algunos meses y hace tres meses entró en operación y pareciera que se volviera común el que estemos inaugurando obras de infraestructura hospitalaria, cuando realmente lo que se está acreditando ante la sociedad mexicana es el esfuerzo y el empeño que tiene el Gobierno para que tengamos más y mejor infraestructura al servicio de la salud de todos los mexicanos. Este hospital, sin duda, contribuye a este esfuerzo.

A mí me da mucho gusto recorrer los espacios o algunos de los espacios de este Hospital Nacional de Homeopatía, conocer que más allá de ser solamente un hospital de homeopatía, realmente se vuelve, esta disciplina, un esfuerzo complementario a la medicina tradicional, a la medicina alópata y que, sin duda, esto deja ver que éste es un hospital prácticamente de segundo nivel; es decir, no porque sea de segunda clase, sino porque es un hospital de mayor especialización a los conocidos de tercer nivel, porque pareciera que primer nivel, segundo nivel, tercer nivel, no queda muy claro a qué se refiere. [...]"
El gobierno del cambio y el progreso. Se nota, ¿verdad?
Aquí surge de nuevo una cuestión al aire: ¿qué es lo que se está buscando realmente? ¿Una mejor calidad en el servicio de salud para los mexicanos o una forma bonita de presentar obras realizadas, sin la más mínima asesoría científica, solo para agradar a un pueblo que de por sí lo ve como piedrita de riñón? 

Si se tratara de la primera opción, a mi entender, los recursos destinados al HNH (recursos que ayudan a que se sume los ¡10 mil millones de pesos destinados a 47 centros de salud en todo el país!) no hubieran siquiera existido. Lo que es más, se hubiera dejado o que el HNH se sostuviera por inversión privada (y ahí quien quiera aliviarse con chochitos azucarados no afectara el erario público) o simplemente hubiera acabado clausurado o reemplazado por un hospital que contara únicamente con servicios de salud basados en la evidencia (y no, una vez más: medicina basada en la ciencia no es lo mismo que alopatía).

El Hospital Nacional Homeopático se mira como una vergüenza para el país. Igualmente, es una vergüenza el apoyo cínico al curanderismo y el despilfarro de dinero (público, por cierto) que llevan a cabo gobiernos como el del querido copetudo que, sin tener la más mínima idea de qué significa servicios de salud de calidad, ofrecen a instituciones que solo promocionan la impostura médica.

Es una completa tarugada el culparlo por casos como el de Ayotzinapa, pero sí es de preocuparse que nadie que se dé a oír públicamente esté alzando la voz de indignación por semejantes actos que se disfrazan de progreso, cuando solo es una forma de tirar los recursos públicos a la basura.


Como dijo alguna vez el maestro Héctor Chavarría: "¡Mexicanos al grito de guerra, pero de una que valga la pena...!" Bien, ahora pregunto: ¿no vale la pena nuestra salud, tanto individual como social?

Véase más: "Una vergüenza nacional: el Hospital Nacional Homeopático", artículo en La Lista de la Vergüenza, Capítulo México; "Hospital homeopático, otra vergüenza mexicana", artículo de Mauricio-José Schwarz en El Retorno de los Charlatanes.

martes, 15 de julio de 2014

Los filósofos de la pseudociencia

"¿Qué distingue el conocimiento de la superstición, la ideología o la pseudociencia? La Iglesia Católica excomulgó a los copernicanos, el partido comunista persiguió a los mendelianos por entender que sus doctrinas eran pseudocientíficas. La demarcación entre ciencia y pseudociencia no es un mero problema de filosofía de salón; tiene una importancia social y política vital." Imre Lakatos.

"Primero, la superstición, la pseudociencia y la anticiencia no son basura que pueda ser reciclada con el fin de transformarla en algo útil: se trata de virus intelectuales que pueden atacar a cualquiera —lego o científico— hasta el extremo de hacer enfermar toda una cultura y volverla contra la investigación científica.
Segundo, el surgimiento y la difusión de la superstición, la pseudociencia y la anticiencia son fenómenos psicosociales importantes, dignos de ser investigados de forma científica y, tal vez, hasta de ser utilizados como indicadores del estado de salud de una cultura." Mario Bunge.



La pseudociencia es una parte de la cultura tan nociva como fascinante. Es justamente por los peligros a la integridad individual y social, así como lo que estas nos dicen sobre la naturaleza humana lo que motivó algunos científicos, historiadores y filósofos (contrarios a las corrientes dominantes de sus respectivas áreas) a estudiar, comprender y denunciar las prácticas pseudocientíficas.

Los primeros proyectos que se encuentran sobre la comprensión de las pseudociencias, en cuanto que se consideran ciertas disciplinas como pseudocientíficas, se encuentran en los debates epistemológicos desencadenados por los problemas tratados en el círculo de Viena. Los positivistas lógicos buscaban establecer cuáles eran las diferencias entre conocimiento científico y no científico (destacando a la metafísica como su ejemplo principal), iniciando así con el problema de demarcación de la ciencia, un problema filosófico que mantiene, hasta la actualidad, a muchas mentes ocupadas. Los miembros del círculo de Viena aseguraban que el conocimiento científico era aquel conocimiento de tipo inductivo, empíricamente verificable.
Karl Popper.
  Sin embargo, el principio de verificabilidad no parecía satisfacer como criterio, ya que un gran conjunto de teorías que se identificaban como conocimientos científicos no podían ser verificadas empíricamente, y por el contrario, algunas formas de conocimiento no científico sí lo eran. Resultaba ser que la idea de la ciencia inductiva resultaba inconsistente. Fue así que el filósofo Karl Popper comenzó a demostrar que la inducción no era en modo alguno el criterio de cientificidad. Lo que es más, el problema derivado de la inducción, el problema de demarcación es más general de lo que se pensaba. Para Popper era igualmente cierto que conocimiento científico y metafísica eran opuestos, pero también existía otra forma de conocimiento no científico que se hacía pasar por ciencia: las pseudociencias. Así empezó el problema de demarcación ciencia-pseudociencia.

Popper mostraba tres ejemplos típicos de prácticas pseudocientíficas: el materialismo histórico, el psicoanálisis freudiano y la astrología. Popper aseguraba que estas disciplinas tienen algo en común, a saber, que son infalsables, lo opuesto del criterio de cientificidad que Popper defendía. O sea, el principio de falsabilidad. Tal como nos narra en La lógica de la investigación científica, es el hecho de que una teoría pueda ser lógicamente refutable lo que le da su estatus científico. Si una disciplina es infalsable, es decir, que por más intentos que se trate de refutar sencillamente no se pueda ofrecer un solo contraejemplo, entonces es una disciplina no científica. El falsacionismo destrozaba la errónea idea, sostenida desde Hume hasta los positivistas lógicos, de que el conocimiento científico es de tipo inductivo, demostrando que el conocimiento científico es más que nada conocimiento derivado del razonamiento deductivo.

Bajo este criterio, Popper desarrolla el problema de demarcación comparando las tesis de Freud contenida en la obra Interpretación de los Sueños (posiblemente, la obra que marca el inicio del psicoanálisis) y la teoría de la relatividad de Einstein. La conclusión de Popper es que las tesis de Freud, en comparación con las de Einstein, son infalsables, ya que no hay forma de corroborarlas, además que en todo el texto, según afirma, Freud muestra una negativa a escuchar las críticas que se le llegaron hacer. Así, dice, el psicoanálisis es una disciplina anquilosada e inmune a cualquier crítica ya que esta solo puede acabar confirmando las especulaciones del psicoanalista. Pueden encontrarse mil y un razonamientos para "verificar" el psicoanálisis, pero, dice Popper, no hay un solo contra-ejemplo que pueda usarse para refutar a Freud.

Karl Popper representa el punto de partida para el estudio filosófico de las pseudociencias con el problema de la inducción y el problema de demarcación ciencia-pseudociencia como sus principales temas de discusión a lo largo de su prolífica obra. Sin embargo, el que sea un punto de partida no significa que debamos casarnos con sus tesis. El criterio de falsación, en realidad, resulta ser insuficiente. Mientras que algunas pseudociencias resultan ser falsables, también existen teorías e hipótesis científicas infalsables, pero no por esto es que esas pseudociencias puedan considerarse ciencias o que esas teorías científicas puedan catalogarse de pseudociencias. Por ejemplo, muchas de las afirmaciones del creacionismo científico son refutadas por la geología, la cosmología y la biología evolutiva. El que el creacionismo sea falsable no lo hace una ciencia (ni siquiera, una ciencia fallida); por otro lado, teorías científicas como la heliocéntrica de Copérnico eran infalsables en sus inicios. No sería sino hasta los trabajos posteriores de Kepler y Galileo que se tendría el reforzamiento matemático y las evidencias suficientes que darían la posibilidad de refutar empíricamente la teoría copernicana, y no por eso el heliocentrismo fue una pseudociencia en sus inicios.

El trabajo de Popper representa un ejemplo de progreso en filosofía. El debate sobre el tema  de la inducción y la demarcación llevaron a descartar un conjunto de doctrinas y teorías, quedándose con las partes válidas y útiles que tenían correspondencia real y acoplando nuevos planteamientos para debatir en un nuevo nivel. A este debate entrarían tres autores relevantes en la historia de la epistemología en general: Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Larry Laudan. Estos autores buscarían rebatir las ideas de Popper con resultados distintos.

Thomas Kuhn.
Kuhn, el epistemólogo que marca el inicio de la fase historicista en filosofía de la ciencia, asegura que no puede identificarse la cientificidad de una disciplina o una teoría con el principio de falsación ni con el de verificación. Kuhn asegura que el desarrollo de la actividad científica se divide (principalmente) en ciencia normal y revoluciones científicas. Durante la fase de ciencia normal los investigadores se dedican a la resolución de "enigmas" (o anomalías) a la luz de un paradigma ya establecido. Así que, si existe un criterio de demarcación, este se encuentra en el que una disciplina será científica si y solo si es una disciplina que capaz de resolver enigmas, característica esencial de la ciencia normal. Kuhn pone de ejemplo la astronomía y la astrología: según nos dice, la astronomía ha sido desde sus orígenes una actividad de resolución de enigmas. Por tanto, la astronomía es una ciencia; por otra parte, la astrología no presenta un programa de resolución de enigmas. Los fracasos particulares en astrología no dan lugar a programas de investigación para resolver dichas "anomalías" dentro de la disciplina. Por tanto, dice Kuhn, la astrología no es ciencia. 

Las críticas a esta propuesta no se hicieron esperar. Bajo este criterio, disciplinas como la parapsicología, la criptozoología, la ufología y la homeopatía bien podrían ser consideradas científicas, ya que se supone, buscan ofrecer explicaciones a fenómenos que se supone existen (pero que no han demostrado su existencia). Es decir, son disciplinas encaminadas a resolver enigmas. Popper, uno de los primeros críticos a la propuesta de Kuhn, también aclara que en astrología también se lleva acabo programas de "resolución de enigmas", y siguiendo el razonamiento kuhniano, estaríamos forzados a admitir la cientificidad de todas estas disciplinas. Popper llegó afirmar que la propuesta de Kuhn resulta ser "la mayor catástrofe" de una "sustitución de un criterio racional de la ciencia por uno sociológico." Hoy en día, sabemos que hablar de una investigación filosófica en base a estas ideas es practicar pseudoepistemología (tema que veremos en otra ocasión).

Por su parte, Imre Lakatos, quien fue discípulo tanto de Popper como de Kuhn, además de ser gran amigo del pseudofilósofo Paul Feyerabend (para quien no existe problema de demarcación, pues "todo vale" igual, sea biología o creacionismo, medicina o brujería, astronomía o astrología. Para este showman todas estas disciplinas tienen igual validez), busca extender la propuesta popperiana. Según Lakatos, el falsacionismo solo se aplica a hipótesis o teorías particulares aisladas, cuando en realidad debería ser aplicado a un conjunto de programas de investigación, los cuales se caracterizan por poseer una serie de teorías que son reemplazadas sucesivamente entre sí. Lakatos llama a esta ampliación "falsacionismo sofisticado (o metodológico)." Aunque la propuesta de Lakatos es expuesta de forma completa en su obra célebre La metodología de los programas de investigación científica, su tesis se hizo popular en su conferencia titulada "Ciencia y pseudociencia", expuesta a principios de 1973 a través de la transmisión de radio de Open University (el breve ensayo fue puesto a modo de introducción en la obra ya citada). 
Imre Lakatos.

Lakatos concluye que la cientificidad de un programa de investigación puede evidenciarse a la luz de las predicciones que cumpla. El progreso en dicho programa solo será posible si cada teoría que desarrolla tiene un contenido empírico más grande que las teorías predecesoras. Podemos decir entonces que una disciplina será científica si y solo si ésta progresa como programa de investigación. Si la disciplina no genera nuevo conocimiento y no progresa, entonces estamos hablando de una disciplina no científica. Si hablamos de una disciplina que no genera nuevo conocimiento, que no progresa y que además se hace ver como si en verdad cumpliera este requisito, hablamos de una pseudociencia.

La propuesta de los programas de investigación mostró tener gran influencia en los trabajos posteriores de autores como Paul Thagard, Daniel Rothbart y George Reisch. Los trabajos de Lakatos y los demás que siguieron la misma línea, ayudaron a formular y aclarar un punto clave en los conceptos de ciencia y pseudociencia: la ciencia es una actividad que progresa, que continúa en proceso y las disciplinas que se identifican como ciencias se complementan mutuamente con conocimientos ya obtenidos. En cambio, las pseudociencias son disciplinas estancadas que no producen nuevos conocimientos, métodos o proyectos de investigación, además que son actividades aisladas que no se sirven del conocimiento de ninguna disciplina real. La propuesta de Lakatos de su criterio de demarcación de los programas de investigación se trató de aplicar, llegando asegurar que disciplinas como el monetarismo de Milton Friedman (contenido en la teoría económica neoclásica) resultan ser pseudociencias (opinión que suele sostenerse hasta nuestros días). Pero Lakatos, al igual que su maestro Popper, llegó a meter la pata asegurando (a manera de reto) que nadie había sido capaz de encontrar un criterio de demarcación según el cual la teoría darwiniana de selección natural pudiera ser identificada como una teoría científica.

Hasta aquí, el debate sobre el problema de demarcación había consistido en establecer el criterio específico que separa la ciencia de la pseudociencia. Pero esto cambió cuando en 1983 Larry Laudan escribió un ensayo aparentemente fulminante: "The Demise of the Demarcation Problem" (La Desaparición del Problema de Demarcación). En su ensayo, Laudan declara muerto al problema de demarcación, asegura que el concepto "pseudociencia" es un concepto pernicioso e inútil, y que los filósofos dedicados a este tema no han hecho más que perder el tiempo en un proyecto fracasado. Laudan sostiene estos puntos con el argumento de que, a pesar que el problema de demarcación lleva casi un siglo de existencia, los filósofos han sido incapaces de encontrar de forma precisa los criterios correctos para diferenciar la ciencia de la pseudociencia. Además, dice, el término pseudociencia no es ni siquiera un término científico o filosófico que solo se encuentra con una gran carga emotiva (claramente siempre usado de forma peyorativa para denigrar alguna práctica). De acuerdo a Laudan, el verdadero problema está en evaluar la justificación epistémica detrás de cada reclamación individual al conocimiento, sin importar si esta se hace desde dentro de la física o desde la astrología.

Larry Laudan.
Como no es difícil adivinar, Laudan ha sido rebatido en repetidas ocasiones por diversos autores como Martin Mahner, James Ladyman, Sven Oven Hansson, Maarten Boudry y Massimo Pigliucci. En su sistemática respuesta, titulada "The Demarcation Problem. A (Belated) Response to Laudan" (El problema de demarcación. Una (tardía) respuesta a Laudan), Massimo Pigliucci expone los errores de Laudan. Pigliucci nos dice que las justificaciones epistémicas que van acompañadas de revisiones específicas individuales y no de esfuerzos generales, resulta ser bastante impráctico y muy restrictivo. Es decir, cuando una disciplina ha demostrado a lo largo de mucho tiempo el carecer de sentido y ser inútil, demostrando la incapacidad de progresar en dicha área, parece que el tiempo mismo justifica el por qué archivar esta disciplina para dejarla de lado, sin concentrarse en nuevos intentos de investigación dentro de ésta (Pigliucci utiliza a la astrología como un ejemplo de este tipo de disciplinas). En cambio, dentro de una disciplina científica que ha demostrado ser exitosa y dinámica, el consejo de analizar cada reclamación tiene sentido, precisamente porque la ciencia ha establecido métodos y un fondo de conocimientos contra el cual la justificación epistémica de cualquier nuevo alegato puede evaluarse razonablemente. Así, etiquetar algo de pseudociencia ayuda a identificar las disciplinas en las que es inútil llevar acabo este tipo de ejercicios y que además evita invertir tiempo y/o dinero en algo que no tiene posibilidad de validez o éxito.

Massimo Pigliucci.
Sobre el supuesto fracaso filosófico del problema de demarcación, Pigliucci explica que la historia demuestra que se tiene un progreso y no un fracaso en este caso. Si bien Popper estuvo equivocado al creer que había resuelto los problemas de inducción y demarcación, lo cierto es que la propuesta popperiana que reemplazaba el razonamiento inductivo por el deductivo resultó ser una "buena jugada" que tuvo que ser analizada y debatida antes de considerar propuestas más sofisticadas. La búsqueda conjunta de criterios necesarios y suficientes para definir la ciencia y la pseudociencia buscando entender estas actividades humanas representa un avance, no un retroceso. Pigliucci aclara que el problema de demarcación tiene gran relevancia ya que distinguir ciencia y pseudociencia trae consigo consecuencias de tipo intelectual, personal y monetaria. Distinguir entre ciencia y pseudociencia marca la diferencia entre crear políticas públicas que regulen las emisiones de efecto invernadero y las que hacen caso omiso a las alertas de cambio climático; se marca la diferencia entre establecer conductas que benefician a la sociedad entera como el vacunarse y los actos que van en contra del conocimiento bien sustentado, asegurando que las vacunas causan autismo; marca la diferencia entre aceptar un diagnóstico y tratamiento basado en la evidencia, y la utilización de píldoras que solo tienen agua y azúcar. 

Con todo esto, se vuelve evidente que el único fracaso filosófico que se ve en este tema, es el de la afirmación de que el problema de demarcación ha fracasado. En las últimas dos décadas el creciente interés tanto por filósofos y científicos, así como también por parte de divulgadores y activistas, en el problema de demarcación, es notable. En este tiempo en que se debatieron las propuestas que se presentaron de Popper hasta Laudan, es posible notar una característica común en todos los autores: todos manejaban una actitud monocriterial, es decir, solo consideran un único criterio de demarcación como razón necesaria y suficiente. Esto cambiaría luego de que el sociólogo Robert K. Merton (padre de la sociología de la ciencia moderna) afirmara que la ciencia se compone de un ethos o espíritu de investigación, que se puede resumir en cuatro conjuntos de imperativos institucionales o normas epistémicas. O sea, cuatro criterios distintos:
Robert K. Merton.

1. El universalismo, que afirma que cualesquiera que sean sus orígenes, las pretensiones de verdad deben ser sometidos a criterios impersonales preestablecidos. Esto implica que el rechazo o aceptación de una reclamación no depende de las condiciones personales o sociales de sus protagonistas.

2. El comunismo epistemológico dice que los resultados sustantivos de la ciencia son producto de la colaboración social y por tanto, pertenecen a la comunidad, en lugar de pertenecer a personas o grupos particulares. Este punto es incompatible con las patentes que reservan los derechos exclusivos a inventores o empresas.

3. El desinterés impone un patrón de control institucional que tiene la intención de frenar los efectos de los motivos personales o ideológicos que los científicos puedan tener.

4. El escepticismo organizado implica que la ciencia permite un escrutinio independiente de las creencias que están profundamente en poder de otras instituciones.

Aunque es posible encontrar enfoques bicriteriales (como el de Thagard) junto a algunos que combinan las tesis de Popper, Lakatos y otros autores, lo cierto es que hoy en día se da por hecho que para un enfoque sistemático preciso, es necesaria una propuesta multicriterial, con lo que se deja atrás el problema que Popper y sus contemporáneos se encontraron: la deficiencia en su enfoque debido a que abarcaban muy poco en lo que se refiere a ciencia y pseudociencia. Este es justamente el camino que estudiosos como Michael Ruse, John Dupré, Martin Mahner, Massimo Pigliucci, Maarten Boudry, A. A. Derksen, Steven Dutch, Sven Oven Hansson, Joseph Agassi y Mario Bunge (entre otros) han seguido. 

Usualmente, tanto desde la filosofía de la ciencia como desde la divulgación científica, se está acostumbrado a escuchar definiciones más o menos complejas del concepto mismo de ciencia con varios criterios que identifican una disciplina científica, como el que toda ciencia posee un fondo de conocimientos (que incluye hipótesis, teorías y leyes), que tienen una metodología bien definida, que se centran en un objeto de estudio particular (sea el cosmos, el medio ambiente, la anatomía de una especie, la conducta individual o social, etc), que son disciplinas que se complementan en conocimientos y metodologías, que se tienen controversias que por lo regular fascinan a propios y extraños por igual... Hablamos de disciplinas científicas que poseen una serie de características que las vuelven la inspiración para muchos. Pero, ¿qué pasa cuando se habla de pseudociencia?

Cuando en divulgación científica o en alguna nota de pie en un ensayo epistemológico se habla de pseudociencia, se suele decir que por esta se entiende a la disciplina que se hace pasar por ciencia (es decir, que posee todas las características de una ciencia) cuando en realidad no lo es, y punto. Hacer esto, es ignorar por completo las décadas invertidas en el estudio, análisis y debates interminables sobre qué son las pseudociencias. Si bien es cierto que al tener ya una definición establecida de ciencia básicamente podemos definir a la pseudociencia como una disciplina que no cumple con los criterios de la ciencia y que sin embargo, se hace pasar como tal, lo cierto es que esta vendría a ser una definición negativa, tan insatisfactoria como la de “un soltero es un no casado.” Las propiedades de un objeto son las que posee efectivamente. El que un objeto x no tenga una propiedad P puede ser cierto y puede ayudar a identificarlo, pero no ayuda a describirlo, ni mucho menos a definirlo y estudiarlo.

La definición de pseudociencia, igual que la de ciencia, sigue siendo un tema vivo, bastante rico en controversia. Pero este problema no es exclusivo de esta área. Existen un montón de conceptos "difusos" para admitir agudas y claras definiciones. Este punto expuesto por Massimo Pigliucci en su artículo "Pseudoscience" en la Encyclopedia of Philosophy and Social Sciences, no es nuevo. De hecho, es explicado por un autor que no muy a menudo es citado a la hora de hablar de pseudociencias: Ludwig Wittgenstein. Para Wittegenstein existen un conjunto de conceptos que pueden identificarse como "semejanzas de familias", los cuales en un primer principio parecen tener una definición obvia, pero resultan ser bastante problemáticos (en filosofía de la ciencia, el estudio de estos conceptos difusos son el pan de cada día: conceptos como los de especie biológica, tiempo, espacio, materia, mente... son excelentes ejemplos). 

El ejemplo que Wittgenstein solía dar era el de "juego." Probablemente usted piensa que sabe sin lugar a dudas qué es un juego (como el ajedrez, el fútbol o Resident Evil 6) y qué no lo es (fumar, tener sexo o filosofar), así como seguramente estará consciente de ejemplos que podríamos llamar como "casos límite." Pero resulta fácil demostrar lo difícil que es establecer qué es un juego estableciendo un número de criterios (entre menos sean, la dificultad aumenta con probabilidad). Si usted define juego como un "hecho competitivo entre dos o más personas", bien se podría topar con ejemplos de juegos que no cumplen con su criterio y aún así se definen como juegos (en este caso, el solitario sería el contraejemplo a la definición adoptada), al mismo tiempo que existen actividades que cumplen con la definición sin ser juegos (como las transacciones comerciales). Con esto en mente, debería ser fácil el ver por qué el proceso para definir la ciencia y la pseudociencia ha llegado a ser tan problemático, y sin embargo, ambos conceptos todavía se refieren a dos tipos distintos de actividades humanas. 

Mario Parlamento.
El que ciencia y pseudociencia sean conceptos de "tipo de familias" es la razón por la que las propuestas de Popper, Kuhn, Lakatos y cualquier otro con un enfoque monocriterial fracasara en su intento de definir de forma precisa estos conceptos. Así es como podemos afirmar con seguridad que, si queremos establecer de la manera más precisa posible qué es la pseudociencia, debemos adoptar un enfoque multicriterial, y claro, no dejar de debatir sobre el tema. Uno de los enfoques multicriteriales más precisos, que además ha inspirado a otros (como los presentados por Agassi y Mahner) es el expuesto por el epistemólogo Mario Bunge, quien procede a definir la disciplina pseudocientífica SC como un campo de estudio compuesto de la siguiente forma:


SC = <C, S, D, G, F, E, P, A, S, M>

Tal que:

1. C es la comunidad de creyentes, no de investigadores.

2. S es la sociedad anfitriona que apoya a C por motivos prácticos (SC es un buen negocio o refuerza la ideología imperante) o tolera a C, aunque la exilia de la cultura oficial.

3. El dominio o universo del discurso D contiene entes imaginarios, o por lo menos, entidades cuya existencia no se puede justificar, tales como un diseñador inteligente, la influencia de los astros, los pensamientos incorpóreos, los superyoes, platillos voladores, memoria del agua y cosas parecidas, a los que C les asigna existencia real.

4. La concepción general o filosofía G incluye:

    a) Una ontología que admite la existencia real de entes o procesos inmateriales, tales como fantasmas, percepción extrasensorial, etc, o

   b) Una gnoseología que admite argumentos de autoridad, o modos paranormales de conocimiento accesibles solo a los iniciados, o los entrenados para interpretar ciertos textos canónicos, o

   c) Un ethos que lejos de ser el de la libre búsqueda de la verdad, de la profundidad y la sistematicidad, es el de la defensa obstinada del dogma (ejemplos de este tipo abundan, aunque en tiempos recientes se presentó un escándalo luego de que psicoanalistas lacanianos censuraran una película sobre el autismo y cómo esta pseudociencia sale malparada al respecto), si es necesario con ayuda del engaño o de la violencia.

5. El fondo formal F es increíblemente modesto. SC no siempre respeta la lógica, y los modelos matemáticos son la excepción y, cuando han sido propuestos, han sido incomprobables o falsos.

6. El fondo específico E es muy pequeño cuando no vacío. Una pseudociencia aprende poco o nada de otros campos de conocimiento, y contribuye poco o nada a ellos.

7. La problemática P incluye problemas mal planteados (por tener supuestos falsos) y típicamente (aunque no siempre) prácticos más que cognoscitivos.

8. El fondo de conocimientos acumulado A es pequeño, está estancado y contiene numerosas hipótesis incontrastables o incompatibles con hipótesis científicas bien confirmadas (leyes); en particular no contiene leyes propiamente dicho.

9. Los objetivos O de los miembros de C son, con frecuencia, prácticos en vez de cognitivos, en concordancia con su problemática P. Además, no incluyen objetivos científicos, a saber, el descubrimiento de leyes o su utilización para comprender o predecir hechos.

10. La metódica M contiene procedimientos que no son controlables por medio de procedimientos alternativos (especialmente, de procedimientos científicos) ni se los puede justificar mediante hipótesis adecuadamente confirmadas. En particular, los pseudocientíficos no aceptan bien la crítica.

11.  La composición de las ocho últimas componentes de la SC apenas cambian en el curso del tiempo y, cuando cambia, lo hace en forma limitada y de resultas de controversias o de presiones externas, no de investigaciones científicas.

12. SC no tiene parientes próximos, salvo quizá otra pseudociencia, con los que puede interactuar fructíferamente; o sea, SC está prácticamente aislada: no existe un sistema de pseudociencias paralelo a las ciencias.

Problematizar sobre la demarcación ciencia-pseudociencia, establecer los criterios que caracterizan la ciencia y la pseudociencia, sistematizar la definición de pseudociencia, analizar y debatir las propuestas dadas tanto por los autores "clásicos" como por los más actuales, establecer la importancia de afrontar la demarcación no solo como un problema de "filosofía de salón" sino como un problema que tiene repercusiones reales en el aquí y el ahora, son algunas de las actividades más apasionantes dentro de la epistemología (que es lo mismo que filosofía de la ciencia). Pero aquellos que dedican su carrera al estudio de estos problemas, además de ser reconocidos como estudiosos de la filosofía de la ciencia, podemos llamarlos, con justa razón: los filósofos de la pseudociencia.

Tal vez en el futuro (esperemos no muy lejano) se miren cursos, talleres y materias optativas en las carreras de filosofía y las de ciencia dedicadas a analizar las preguntas que se plantean al pensar el problema de demarcación. Puede ser que en el futuro exista algún espacio para su estudio como disciplina filosófica independiente, pero eso, el tiempo lo dirá.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

* El artículo "Science and Pseudoscience ", escrito por Sven Oven Hansson en la Stanford Encyclopedia of Philosophy, resulta ser una referencia introductoria obligatoria al estudio filosófico de la pseudociencia.

*El artículo "What's the point of demarcation projects?", de Massimo Pigliucci, ofrece una breve pero excelente explicación de por qué es importante el problema de demarcación no solo para los filósofos, sino para todos nosotros.

*El artículo "Demarcating science from pseudoscience", de Massimo Pigliucci, responde a la pregunta "¿cuáles son las diferentes formas de tratar el problema de demarcación entre ciencia y pseudociencia?", en Ask a Philosopher.

*La entrada en la Wikipedia en inglés "Demarcation problem" ofrece contenido y referencias de gran calidad sobre la historia de los debates en torno al tema.

* La entrada " Pseudoscience "en The Skeptic's Dictionary , Por Robert Todd Carroll.

* "The Parameters of Pseudoscience ", revisión del libro The Pseudoscience Wars de Michael D. Gordin, por David Morrison en el CSI.

*El artículo "La filosofía tras la pseudociencia", de Mario Bunge, publicado originalmente en Skeptical Inquirer y traducido al español por la revista El Escéptico.

* La Lógica de la Investigación Científica , Karl Popper, Tecnos, 1980.

*La Metodología de los Programas de Investigación Científicas, de Imre Lakatos, Alianza, 1989.

*La Investigación Científica, de Mario Bunge, Ariel, 1979.

*Seudociencia e Ideología, de Mario Bunge, Alianza, 1985.

*Las Pseudociencias ¡Vaya Timo!, de Mario Bunge, Laetoli, 2010.

*Philosophy of Pseudoscience, editado por  Massimo Pigliucci y Maarten Boudry, University of Chicago Press, 2013. El libro presenta una colección de ensayos en que se aborda la sociología, la psicología, la historia y la filosofía de la pseudociencia.

martes, 24 de junio de 2014

¡Charlacanistas, charlacanistas everywhere!

El siguiente es un fragmento de un ensayo que presenté en la clase de Filosofía de la Psicología, en la que vimos muchas cosas, excepto filosofía de la psicología. El profesor (la verdad, no creo que merezca llamarlo maestro), en vez de mostrar un dominio sobre los problemas filosóficos de la psicología, se ocupó de lavar el cerebro a más de uno con las incoherencias del psicoanálisis lacaniano, al cual se ha dedicado por completo (sí, tuve un charlacanista por profesor). Considerando que el mostrar las ideas de Lacan como las revelaciones más sorprendentes (también las combinaba con ideas de Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger y Zizek), pensé que sería justo presentar un escrito donde se mostraran las razones de por qué el psicoanálisis se considera una pseudociencia y el cómo el charlacanismo parece más un culto esotérico que una disciplina humanística o psicológica. Sin más, les dejo las tonterías del charlacanismo expuestas en mi ensayo (corregido y aumentado, con imágenes cortesía de la página crítico-humorística Sigmund Fraude y Charlacán); espero lo disfruten.

Jacques Lacan es posiblemente uno de los autores posmodernos más famosos desde la década de los años 80. Lacan era una figura poco conocida en Francia antes de los años 70s, y prácticamente irrelevante en la panorámica mundial. Sin embargo, a finales de los 70s y principios de los 80s, los Escritos de Lacan comenzaron a llamar la atención entre las facultades de humanidades francesas; para cuando murió en 1981, Lacan se había convertido en sinónimo de psicoanálisis para muchos estudiosos tanto de Europa como de América. A diferencia de los discípulos originales y de seguidores más directos de Freud tales como Jung, Reich, Erikson, Adler y Rank, quienes acabaron creando sus propias escuelas de pensamiento independientes, una de las principales tesis de Lacan era el “retorno a las obras de Freud.”

La obra lacaniana también destacó por tratar de introducir la topología (rama de las matemáticas que estudia las propiedades de los cuerpos geométricos) y el uso de elementos del estructuralismo y la lingüística de Saussure. Aunque el objetivo era “regresar a los orígenes”, la propuesta lacaniana se fue por una dirección totalmente diferente de la del psicoanálisis freudiano. Algo que no es mal visto por los lacanianos, ya que suponen que Lacan fue el gran revolucionario que necesitaba el psicoanálisis. Casi un Newton del psicoanálisis. El filósofo Louis Althusser, por ejemplo, aseguraba que “Lacan dota, finalmente, al pensamiento de Freud de los conceptos científicos que exige.” (que conste, Lacan incluso renegó de la ciencia, afirmando que el psicoanálisis no era ciencia, no pretendía serlo, y era justamente esa la razón de su superioridad intelectual).

Lacan buscaba matematizar el psicoanálisis con el fin de hacer de este toda una revolución intelectual. Sin embargo, no solo buscaba matematizar las ideas de Freud, sino las suyas también. Es aquí donde se buscaría servir de la topología y la lógica-matemática. Pero existe un problema con esto. Y es que se ha demostrado en variadas ocasiones que las matemáticas expuestas por Lacan, son utilizadas de forma errónea, al punto en que los conceptos matemáticos tales como “topología”, “espacio”, “acotado”, “cerrado”, “número racional”, “número irracional” (etc) sencillamente no se comprende en qué sentido los usa, por lo que se le denuncia de abusar de conceptos que desconoce. Otro punto en contra es que nunca fue capaz de dar un argumento formal en el que pudiera demostrar la relación entre sus ecuaciones (los "cálculos" de Lacan han sido juzgados por matemáticos verdaderos de ser pura fantasía) y algún fenómeno o principio del psicoanálisis.

Como ejemplo de lo ya dicho, el físico Alan Sokal, en su célebre obra (con la coautoría de Jean Bricmont) Imposturas Intelectuales, cita un fragmento de uno de los seminarios de Lacan para mostrar cómo éste último se burla de su lector con cálculos fantasiosos:

“Por nuestra parte empezaremos por lo que se articula en la sigla S (0), que es ante todo un significante… y puesto que la batería de significantes en cuanto tal , es por eso mismo completa, este significante no puede ser más que un trazo que se traza desde el círculo sin que se pueda contar como parte de él. Puede simbolizarse mediante la inherencia de un (-1) en el conjunto total de los significantes.
Como tal, es impronunciable, pero no así su operación, ya que ésta es la que se produce cada vez que es pronunciado un nombre propio. Su enunciado es igual a su significado.Así, calculando ese significado según el método algebraico que utilizamos, tendremos:
Siendo S = (-1), da como resultado: s = V-1.”
Para Sokal esto es, básicamente, una mentada de madre (que conste que él lo dice más elegante) y por tanto, un insulto a la inteligencia del lector. Sokal nos explica que, incluso si el “álgebra” de Lacan tuviera algún sentido, resulta evidente que el “significante”, el “significado” y el “enunciado” que aparecen en la fórmula no son ni siquiera números y la barra horizontal (un símbolo elegido arbitrariamente) no indica la división de dos números. Por consiguiente, afirma Sokal, los cálculos de Lacan son pura fantasía.

Como vemos, las matemáticas manejadas por Lacan no dotan a la teoría de Freud de los “conceptos científicos que exige.” Pero siendo benevolentes, bien podríamos decir que las matemáticas lacanianas no representan la parte fuerte de esta corriente (una postura que sería falsa, pero que manejaré para explicar otros puntos distintos de la propuesta lacaniana). Lacan manejó una afirmación que no aparece en el pensamiento de Freud, pero que sin embargo, es poco probable que exista algún lacaniano que se atreva a decir que sea prescindible para su trabajo: la “teoría” del estadio del espejo.

Historia sin censura de cómo Lacan expuso sus "geniales" ideas.


Inspirado en las tesis del filósofo y psiquiatra Henri Wallon (protagonismo que Lacan no siempre le atribuyó), en 1936 Lacan presentó su conferencia titulada “El estadio del espejo” en el decimocuarto congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional, en la que defendía la unificación de esta idea con el psicoanálisis. Aunque su ponencia ni siquiera fue mencionada como curiosidad en el informe del congreso, Lacan persistió y en 1946 dictó una conferencia más en la que mostraría la misma idea pero corregida y aumentada. En 1949 haría lo mismo. Algo a destacar en estas dos últimas presentaciones es que Lacan, aunque evidentemente sigue la teoría de Wallon, no hace referencia alguna a este autor, y parece dar la impresión que Lacan busca convencer que la teoría es plenamente de su autoría.

El estadio del espejo es considerado por muchos como la “piedra angular” de la escuela lacaniana; esta “teoría” postula que alrededor de los seis meses el niño es capaz de reconocerse a sí mismo en el reflejo de un espejo. Este acto de auto reconocimiento es en el que se desarrolla el yo como instancia psíquica. El reconocerse en el espejo, según se nos dice, conduce al niño a participar en una serie de gestos y regocijo de placer, el cual es consecuencia de experimentar su reflejo. Vendría a ser pues, la primera vez que el niño experimenta placer con su cuerpo sin la intervención de la madre.

Estas afirmaciones, podría pensarse, están bien justificadas y encajan en la teoría psicoanalítica en general. Pero lo cierto es que Lacan, como buen piscoanalista, nunca se molestó en hacer experimentos para demostrar sus afirmaciones.

Algunos historiadores de la ciencia (y de la pseudociencia), tales como Richard Webster, han rastreado los orígenes de la “teoría” del estadio del espejo más atrás de Lacan y de Wallon, en la teoría de la recapitulación del biólogo (padre de la ecología) Ernst Haeckel. Heackel es el primero en afirmar que el niño recién nacido no tiene conciencia y que ésta es adquirida un tiempo después de nacer. Haeckel escribe esta descripción de la evolución del “alma” del niño, en su célebre obra El Enigma del Universo (1899). De acuerdo entonces a los historiadores, tanto la teoría de Wallon como la versión lacaniana vienen a ser modelos más “refinados” de la vieja idea de Haeckel.

La diferencia entre la “teoría” de Haeckel y la de Lacan, es que este último asume una disyunción entre el cuerpo físico y la capacidad neurológica necesaria para controlar este cuerpo. Para Lacan, esta supuesta disyuntiva además es la fuente tanto de conflicto como de angustia para el niño. Aunque no existe antecedente ni evidencia para tales afirmaciones, Lacan busca hacer pasar su teoría como un hecho fundamental en la evolución biológica.

A continuación, Lacan afirma que es debido a todo esto que el niño busca de forma desesperada escapar de la discordia primordial en una especie de “alienación autoimpuesta”. Al conseguir identificar su imagen en el espejo lo hace con mucho “júbilo”. El niño se identifica “en el otro” (su reflejo). Es aquí donde se supone, el niño entra al mundo del lenguaje, en una clase de “drama de Edipo”, en la búsqueda de un falo o una alternativa para insertarse en el lenguaje. Así es como busca Lacan en su “teoría” del estadio del espejo unirla con el psicoanálisis.

Existen tantas críticas a esta idea (una vez elaborada en mayor extensión, ya que aquí solo se trata de presentar una síntesis. La forma en que Lacan explica el estadio del espejo es un ejemplo de cómo se expresa un oscurantista) que muchos consideran que sería conveniente dedicar todo un libro para exponerlas de forma ordenada.

Sin embargo, una de las dudas más simples que despierta esta “teoría” es cómo resulta posible que una “teoría” del desarrollo humano dé primacía a un suceso trivial como el de mirarse a un espejo por encima de la relación del infante con sus padres.

Una objeción más rigurosa es cuestionar que siquiera el estadio del espejo pueda considerarse como una teoría. El historiador Richard Webster cita esta objeción presentada por Tallis:

"Una medida del valor, la verdad o el poder explicativo de una teoría  es su capacidad para predecir nuevos hechos o por lo menos para dar cabida a hechos que no fueron tomados en cuenta cuando la teoría fue formulada originalmente. Si la maduración epistemológica y la formación de una imagen del mundo dependían de la captura de la vista de uno mismo en un espejo, entonces la teoría predeciría que los individuos con ceguera congénita carecerían individualidad y serían incapaces de entrar en el lenguaje, en la sociedad o el mundo en general. No hay evidencia alguna de que esta consecuencia no plausible de la teoría se confirme en la práctica."
Bien podríamos seguir con más ejemplos de lo oscurantista, irracional y anticientífico que es el psicoanálisis lacaniano, pero considero que estos dos puntos tratados (medulares para esta escuela) son suficientes como ejemplos de por qué esta se incluye en la psicología humanista: resulta ser una corriente ecléctica que buscar servirse tanto de conceptos científicos, filosóficos, psicoanalíticos y psicológicos (pero niega ser parte de la ciencia o la filosofía); se presenta como una corriente alternativa a la psicología científica (no es muy difícil adivinar que las tesis lacanianas son aisladas, es decir, no se sostienen ni buscan sostenerse en el conocimiento de la neurociencia, la psicobiología, la biología evolutiva o alguna otra ciencia); puede llegar a presentar premisas verificables, pero ignora a propósito los métodos científicos; presenta ambigüedad en los conceptos que maneja, haciendo de esta una postura irreconciliable con la rigurosidad y la claridad.

Pero quizá no haya mejor forma de concluir una reseña crítica sobre Lacan que citando la conclusión de Sokal y Bricmont en Imposturas Intelectuales, anticipándose críticas que no atienden a los reclamos, dudas y argumentos presentados:

"Los defensores de Lacan... tienden a responder a estas críticas con una estrategia que podríamos llamar de "ni/ni": esos escritos no se deben valorar ni como científicos, ni como filosóficos, ni como poéticos, ni... Nos hallamos ante lo que se podría denominar <<misticismo laico>>: misticismo, porque el discurso intenta producir efectos mentales que no son puramente estéticos, pero sin apelar a la razón; laico, porque las referencias culturales (Kant, Hegel, Marx, Freud, matemáticas, literatura contemporánea, etc.) no tienen nada que ver con las religiones tradicionales y son atractivas para el lector moderno. Por lo demás, los escritos de Lacan adquirieron, con el tiempo, un carácter cada vez más críptico -característica común de muchos textos sagrados-, combinando los juegos de palabras y la sintaxis fracturada, y sirviendo de base para la exégesis reverente de sus discípulos. Es pues, legítimo preguntarse si no estamos, al fin y al cabo, en presencia de una nueva religión."

SI TE INTERESA ESTE TEMA

* El Ensayo " El culto de Lacan Freud, Lacan y el estadio del espejo. ", de Richard  Webster, autor Also del libro ¿Por qué Freud estaba equivocado: El pecado, la Ciencia y Psicoanálisis , la Muestra Una historia completa de los sinsentidos de Lacan es cronológico Orden.

*El ensayo "The Art of Darkness", de Maarten Boudry publicado en Scientia Salon, presenta un análisis cognitivo ante la pregunta ¿por qué las personas encuentran autores como Lacan tan atractivos, a pesar de que no los entienden?

*Imposturas Intelectuales, de Alan Sokal y Jean Bricmont, Editorial Paidós.

*Filosofía de la Psicología, de Mario Bunge y Rubén Ardila, Editorial Siglo XXI.

*El Psicoanálisis ¡Vaya Timo!, de Carlos Santamaría y Ascensión Fumero, Editorial Letoli.

sábado, 21 de junio de 2014

Retos UFO-Ilógicos IV: osnis


Por alguna extraña razón, he estado algo ausente, aun teniendo en cuenta que tengo varios artículos con por lo menos dos series a terminar que aun les debo (la de mis filósofos favoritos, y ésta, sobre los principales casos de ovnis. También tengo pendiente una respuesta a las críticas que me hicieron veganos hace un tiempo, y una respuesta a las "observaciones" de Zugasti sobre la "ciencia de la raza"). Por todo eso pido una disculpa, no he tenido mucho tiempo para publicar, y el tiempo que he llegado a tener lo he desperdiciado en otras cosas.

Bueno, aclarados estos puntos, sigamos con esto. Desde hace un tiempo me ha llamado bastante la atención los casos de los denominados osnis (objetos sumergidos no identificados, para aquellos que no los conozcan). Si bien, podemos decir que un submarino enemigo no detectado durante una guerra, un tiburón ballena o un naufragio sin identificar se pueden catalogar como osnis, los ufólatras se refieren a estos como naves extraterrestres (ovnis) que prefieren pasearse por debajo de ríos, lagos y océanos. De hablar de ovnis en el espacio, ahora hablamos de ovnis en nuestras aguas.

Como les contaba, estos casos me han llamado la atención desde hace bastante tiempo, pero sobre todo por su poca difusión e investigación desde los círculos y asociaciones escépticas. Esto no sucede en cambio con los vendedores de misterio; buscar entradas de casos de osnis en internet es relativamente sencillo. La lista de casos de osnis que ofrece el sitio Water UFO, del piloto retirado y ufólogo Carl Feindt, es sencillamente impresionante, con casos que datan de los años 500 hasta llegar al 2013 (incluye sucesos que se podrían considerar destacables, como el avistamiento de Cristóbal Colón). Incluso en los archivos Klass, las referencias a los osnis son escasas. ¿Por qué los investigadores serios han dejado de lago los avistamientos de osnis? ¿Por qué casi no hay referencias de investigaciones críticas sobre el tema?

Para responder a esas preguntas, primero debemos plantear otras más que servirán como antecedente: ¿Qué son exactamente los osnis? ¿Qué pruebas respaldan los testimonios? ¿Existen explicaciones simples de origen humano o natural para estos casos? El término osni ya de entrada resulta ser sospechoso. El investigador Leopoldo Zambrano Enriquez afirma que el origen de este concepto se encuentra en la obra del reconocido charlatán Erich von Däniken, refiriéndose a todo un conjunto de avistamientos variados que van desde reportes de ovnis flotando en mares o ríos, hasta casos en los que objetos gigantescos salieron de forma inesperada de las profundidades despegando con altas velocidades hacia el espacio. Aceptar algo como un "fenómeno osni" es aceptar ya de entrada la existencia del fenómeno ovni (un punto que hasta ahora, a más de 60 años de investigación sobre el asunto, no hay razón válida para sostenerlo). Los osnis son ovnis que entran en el agua; los ovnis son naves de origen desconocido (presumiblemente extraterrestres) avistados en el cielo; por tanto, los osnis son una clase de avistamiento de ovnis algo poco común.

Dentro de la literatura ovni, las especulaciones sobre los extraterrestres y los océanos es bastante rica en imaginación, pero carente de cualquier evidencia. Varios temas recurrentes que los ufólogos presentan como auténticos enigmas (tales como el triángulo de las Bermudas, el mar del diablo y las conspiraciones que ocultan bases submarinas) suelen tener a los osnis como referentes comunes. Son pocos los casos que pueden considerarse como serios, y de estos, son aún menos los que pueden llegar a ser investigados ya que es usual que solo se cuente con testimonios sin evidencia que los respalden. Esto hace que estos casos se vuelvan imposibles de verificar o de refutar, de modo que se vuelven irrelevantes para determinar la existencia real de algún fenómeno. Es posible encontrar casos desconcertantes, pero debido a la falta de evidencias, lo más probable es que nunca podamos saber con certeza qué es lo que era avistado (lo cual no es excusa para asegurar que fueron alienígenas).

Por si fuera poco, como suele ser común en la ufología, es fácil encontrar casos exagerados a propósito. Ejemplo de ello es el caso de los ya mencionados avistamientos de Cristóbal Colón o el amarillismo de los pseudo-documentales como los que suelen pasar en The [Pseudo]History Channel. Colón ha sido siempre objeto de los vendedores de misterios; se ha llegado afirmar que la flota del descubridor de América fueron las primeras víctimas del triángulo de las Bermudas, ya que al llegar al Golfo de México, reportaron una serie de anomalías. Según los escritos del navegante, no muy lejos de encontrar por fin tierra, las brújulas no coincidían con la estrella polar; además, una noche se reportó el avistamiento de luces extrañas, presumiblemente hacia el horizonte, con la intensidad de una vela que se movían "de arriba hacia abajo." Aunque el escrito de Colón admite que no se descartaba la posibilidad de que fuera una señal de tierra, e ignorando el hecho que cuatro horas después se identificó con plena certeza tierra, cuando el caso fue dado a conocer por parte de History, se aseguró que Colón había visto emerger platillos voladores del agua, asustando a los tripulantes de las carabelas. Se asegura que Colón no pudo haber visto señales de fogatas en tierra, ya que las luces se veían en el horizonte.

Pero no hay una sola parte en los escritos de Colón que asegure que algo emergió de las aguas, y lo que es más, queda fuera de dudas que los tripulantes de las carabelas ya sospechaban que las luces fueran señales de tierra. La anomalía de las brújulas nos resultaría inexplicable si aún viviéramos en el siglo XV, pero hoy sabemos que las brújulas apuntan hacia el norte magnético, el cual no siempre puede ubicarse en la misma dirección del norte geográfico (que está alineado con la estrella polar). Si navegas por el océano Atlántico rumbo a América, te toparás con esto, ya que el norte magnético no se ubica igual en América que en Europa. Este dato no lo sabían Colón y su tripulación, pero hoy es un fenómeno bien conocido por los marineros.

La bioluminiscencia marina puede ser
el fenómeno causante de muchos avistamientos
de osnis.
Como vemos, algunos parece no importarles la rigurosidad cuando se trata de investigar casos que resultan "anómalos." Pero existen otros casos extraños que hablan de luces en el mar durante la noche. Resulta ser que casos de este tipo están bien documentados, pero tienen una explicación bastante terrestre. Lo que es más, no se trata de objetos de origen humano, sino de microalgas: las hemotalasias o marea roja. Las mareas rojas son manchas gigantes que se pueden mirar en las costas, causadas por la proliferación excesiva de microalgas. Este tipo de contaminación natural adquiere su color típicamente rojo debido, principalmente, a la presencia exagerada de algas rojas. Aunque hablar hoy en día de mareas rojas es algo común, lo cierto es que durante siglos fue todo un enigma. El conjunto de las microalgas causantes de este fenómeno son en su mayoría microorganismos dinoflagelados. ¿Pero qué tienen que ver estos organismos microscópicos con los casos de osnis?

La respuesta la podemos encontrar en una anécdota. El investigador de fenómenos paranormales y antiguo miembro de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica, Luis Ruiz Noguez platica que:
"...cuando leí a Vicent Gaddis y a Harold T. Wilkins me enteré que también había Objetos Submarinos No Identificados. Me parecían mucho más impresionantes las 'enormes ruedas luminosas' que giraban debajo de los barcos en el Océano Indico, que los puntos de luz que volaban por los cielos.
Una cosa es una rueda fosforescente, del tamaño de un barco, que pasa justo debajo de un navío, que es vista por su tripulación a tan sólo unos metros de distancia; y otra, objetos diferentes (en el límite de la resolución del ojo humano) a cientos o miles de metros de distancia. 
Luego los libros de William Corliss me indicaron que, en efecto, el fenómeno existía y que había sido analizado en revistas como Nature o Science. Y claro que hay una gran distancia entre esos libros de misterios y estas revistas científicas.
Fue hasta la facultad que supe el origen de este prodigio y con ello se hundió uno más de mis enigmas favoritos. El fenómeno se debe a la bioluminiscencia marina de diversos tipos de microorganismos dinoflagelados, como Gonyaulax polyhedra, que emiten esta luz al sentir una fuerza sobre su membrana celular. Esta fuerza puede ser generada por las mismas olas o por el paso de un barco."
Tal como Ruiz Noguez explica más adelante, estos mismos organismos son los que se encuentran relacionados con la marea roja. De hecho, la marea roja puede llegar a brillar por las noches. La bioluminiscencia es un fenómeno fascinante presente en varios tipos de organismos, tanto terrestres como marinos.

Los dinoflagelados pueden crear espectáculos increíbles como lo muestra este video (se antoja estar ahí disfrutando del suceso):


Si bien la bioluminiscencia "arroja luz" sobre algunos casos en apariencia misteriosos, en tiempos recientes algunos volvieron a tener a los osnis en la cabeza luego que se hicieran virales una serie de fotografía que mostraban un extraño fenómeno en las profundidades. A principios de 2012 el fotógrafo marino japonés Yoji Ookata publicaría su extraño descubrimiento: unos extraños círculos de arena con hasta 2 metros de diámetro. Las bellas y desconcertantes imágenes parecen recordar los fraudulentos círculos de cosecha de origen inglés.

Estos extraños círculos de arena dentro del mar desconcertaron
a más de uno cuando se dieron a conocer por un fotógrafo
japonés.
Mientras que se ha demostrado en variadas ocasiones que estos últimos son creaciones artísticas muy humanas, los círculos de arena, en cambio, presentan un grado de complejidad adicional: estos aparecen a varios metros de profundidad en las aguas japonesas. ¿Cómo podría ser que exista un artista, que es bromista, que bucea y que además es capaz de realizar complejas figuras con una elegancia impresionante? Si algo es resulta tan poco probable como explicar el fenómeno con alguna teoría extraterrestre, ¿no sería racional pensar en los osnis como una posibilidad? La verdad no (y de hecho, un bromista seguiría siendo mucho más probable que extraterrestres que bucean para hacer círculos en la arena de mar).

Buscando una explicación a este fenómeno, la cadena de televisión japonesa NHK decidió investigar el asunto. ¿Lo que se encontró? Ni extraterrestres ni humanos mega hábiles; los causantes de los círculos de arena no son otros más que los peces globo macho, capaz de crear estas figuras tan extrañas utilizando sus aletas. El pez globo macho crea los círculos con el objetivo de atraer hembras. Es decir, estas figuras son el resultado de una técnica de apareamiento en la que el pez macho incluso decora su dibujo con conchas blancas. Una vez que atrae a una hembra, estos se aparean en el medio del círculo para, posteriormente, depositar ahí mismo los huevecillos ya fertilizados. Este tipo de conductas puede verse en otras especies de animales (un ejemplo más es el pájaro jardinero), en las que el macho busca impresionar a la hembra con su creatividad creando complejas y atractivas estructuras.
Una investigación demostró que los autores de los
círculos de arena tienen branquias y son 100%
habitantes del planeta Tierra.

Los círculos de arena son estructuras impresionantes, pero de origen terrestre. Tal parece que no es posible hablar de algún caso verdadero de avistamientos osni. Como hemos visto, mientras algunos se reducen a la evidencia anecdótica volviéndose irrelevantes con algo de especulación y amarillismo, otros pueden tener explicaciones en fenómenos inusuales de los océanos, pero igualmente de origen natural no extraterrestre. Esto, desde luego, no significa que no puede ser posible que existan bases extraterrestres submarinas con habitantes que navegan por todos los mares en sus naves espaciales-submarino que nosotros identificamos como osnis. No significa que no sea posible, pero el que sea posible tampoco significa que sea lo que ocurre en realidad. Existen bastantes razones para pensar que los osnis, igual que todo el fenómeno ovni, es más un fenómeno cultural, algo que está presente en nuestras creencias, no en nuestros mares. Esta tal vez sea la razón por la que los escépticos no prestan mucha atención a estos casos.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*La entrada "Osnis", de Wikipedia en español ofrece enlaces de interés sobre el fenómeno.

*El artículo "OSNIs: Objetos Sumergibles No Identificados", de Adrián Alauzis, publicado en el diario El Barrio Online.

*Las entradas "Bioluminiscencia marina" y "Las mareas rojas y luminiscentes", en el blog Marcianitos Verdes, de Luis Ruiz Noguez, ofrecen explicaciones de excelente calidad sobre los mecanismos de la bioluminiscencia marina, junto a videos que muestran este bello espectáculo natural.